Virginidad de novia real pierde importancia en Gran Bretaña

La familia real, antes tan apegada a tradiciones obsoletas, parece haberse puesto al día con la tolerante opinión pública británica en las tres décadas que separan el casamiento del príncipe Carlos con Diana Spencer de la boda de su primogénito.

Poca gente —real o plebeya— parece molesta por el hecho de que el príncipe Guillermo y su prometida Kate Middleton han convivido esporádicamente a lo largo de sus ocho años de noviazgo, que comenzó cuando eran estudiantes universitarios.

Esto marca un contraste notable con los tiempos del casamiento de Carlos y Diana en 1981. En esa época se daba por sentado que Diana no había tenido novios antes de su compromiso con el heredero del trono, y su propio tío tuvo que proclamar en público que era virgen.

Muchos observadores de la realeza esperan que esta actitud les permita a Guillermo, de 28 años, y Middleton, de 29, tener mejor fortuna en su pareja que Carlos y Diana, cuyo fracaso matrimonial manchó la imagen de la familia real.

Según el especialista en la realeza Dickie Arbiter, Guillermo es un "hombre con ideas propias".

"Se ha creado su propio espacio, él decide qué quiere hacer y cuándo", dijo Arbiter. "El hecho de que Guillermo y (Kate) tienen una relación desde hace ocho años es bastante elocuente".

La decisión de Guillermo de convivir con su novia ha sido recibida con ecuanimidad por el público en general, bien dispuesto a aceptar que la familia real ha actualizado sus códigos tácitos de conducta para adecuarlos a los valores sociales predominantes.

Algunos historiadores dicen que ya era hora que la realeza descartara las gazmoñerías acerca del pasado de los nuevos incorporados a la familia. Es muy posible que Carlos hubiese preferido casarse con Camilla Shand en lugar de Diana, pero no podía porque ella ya había tenido varios novios. Décadas después, se casó con ella en segundas nupcias.

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