Después de la tragedia, Rosario retoma la calma

ROSARIO.- Entre el estado de alerta y las ganas de retomar la calma. Así transcurrió ayer el día para los habitantes de esta ciudad que, tras 48 horas de tensión que terminaron con dos muertos, más de un centenar de detenidos y 50 heridos, esperan poder pasar la Navidad en paz.

Dos personas están gravemente heridas. Carina Paz, de 36 años, tiene un tiro en la cabeza y está internada en el Hospital Clemente Álvarez. Un joven de 16, cuya identidad no trascendió, fue apuñalado y permanece en el Hospital Provincial.

En los barrios del Sudoeste, donde ocurrió la mayoría de los saqueos, los comerciantes y vecinos pasaron la madrugada del sábado en vela. En cuanto empezó a oscurecer, se organizaron para custodiar los locales y para avisarse unos a otros si volvía a haber incidentes. Un helicóptero de la policía provincial sobrevoló los barrios más calientes. No hubo mayores incidentes.

"No dormimos en toda la noche, pero hoy [por ayer] abrimos porque no podemos estar más tiempo sin trabajar. Desde el domingo que vendemos poco y nada por la lluvia y el jueves empezó el desastre. Vamos a ver qué pasa. Sacamos pocas cosas a la vereda por si tenemos que meternos rápido y cerrar", contó a LA NACION, Adriana Cejas, dueña de un polirrubro en Seguí y Aldao.

También Luis Sánchez pasó la noche en su verdulería y estuvo entre los que armaron el sistema de "alarma humana". "Fue una noche difícil. Hasta se escucharon tiros", dijo.

Como Cejas y Sánchez, la mayoría de los comerciantes volvieron a abrir sus locales, aunque muy atentos al movimiento en la calle, un poco animados por la relativa calma y otro poco para no perder uno de los días de mejores ventas del año.

En las calles, las huellas de la tensión de los últimos días permanecían intactas. Allí seguían los volquetes llenos de escombros cruzados en las fachadas, apenas corridos para que pudieran entrar los clientes, y los vidrios desparramados en las entradas de los negocios.

"Los volquetes los dejo hasta el lunes, sí o sí. Después veré", afirmó Marcela, parada en la puerta de su local de electrodomésticos.

Que la incertidumbre y el miedo seguían todavía latentes se notaba ayer en el aire y en las conversaciones. "Con esta gente no te podés relajar. Pueden volver en cualquier momento. A cada rato hay rumores", le decía la empleada de un pequeño almacén a otra, mientras pesaba una bolsa con bananas.

La policía provincial patrulló las calles toda la noche. Aunque en un clima menos tenso, volvió a quedar claro que, pese al refuerzo con unidades de departamentos vecinos, los móviles no eran suficientes para cubrir las zonas más conflictivas.

Ayer no se veía policía ni en el bulevar Seguí ni en la avenida Ovidio Lagos, donde ocurrió la mayoría de los saqueos. Sí había dos patrulleros y siete agentes frente al supermercado Luis, en la calle España al 6300, donde cayó la mujer que quedó en medio de una balacera y terminó con un disparo en la cabeza. "La cosa se calmó. Tendría que haber estallado anoche [por anteanoche], y no", dijo a LA NACION uno de los policías, que no dio su nombre "por órdenes del mando superior".

Frente a la jefatura de policía unas 15 personas esperaban novedades sobre los detenidos, que anoche habían bajado a 48. A todos se les imputa el delito de robo calificado en poblado y banda.

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