Supo la mezzosoprano Fanny Anitúa poner en alto el nombre de México

(Semblanza)

México, 3 Abr. (Notimex).- Con una formación musical que comenzó desde los 12 años, la mezzosoprano Fanny Anitúa Yáñez, quien murió el 4 de abril de 1968, llevó su canto a diversas partes del mundo para trascender como una de las voces más emblemáticas de México, reconocida hoy en día en ensambles y premios que llevan su nombre.

Hija de Josefa Yáñez Medrano y Antonio Anitúa Sarabia, Anitúa vio la primera luz el 22 de enero de 1887, en Durango, Durango, y desde muy temprana edad demostró sus dotes artísticas, que la llevaron primero a ganar un concurso radiofónico y un contrato para cantar en una emisora local, luego a triunfar en la música.

Con la intención de perfeccionar su talento innato, a los 12 años inició sus estudios musicales con María Aizpuru de Lille, Piedad Larios y Leonor Pérez Gavilán, quienes fueron sus mentores en el sinuoso camino de la música.

A ellos se sumaron Gabriel Unda, Adrián Guichené y Gustavo E. Campa; profesores que influyeron en su estilo cuando estudió en el Conservatorio Nacional de Música de la Ciudad de México. Su vasta formación se enriqueció con la lírica que aprendió de Juan de Dios Peza.

En ese mismo tenor, en 1907 obtuvo una beca para estudiar en Roma en la academia de canto de Arístide Franceschetti, debutando dos años más tarde en el Teatro Nacional de ese mismo país, en la ópera "Orfeo ed Eurídice", de Gluck, en la que fue la protagonista.

A partir de ahí despuntó su carrera, el éxito que enmarcó esa presentación le abrió las puertas de otros escenarios del mundo, como el Teatro La Scala de Milán, donde en 1910 cantó el papel de Erda en la ópera "Sigfried", de Wagner, autor de la que fue una de las mejores intérpretes.

El Teatro Colón de Buenos Aires, escenario en el que interpretó pequeños papeles de "Il Trovatore", de Verdi; el Teatro Massimo de Palermo, en el que cantó al lado del pianista José Iturbe, y el Teatro Arbeu de México, fueron algunos de los espacios que sintieron la calidez de su voz.

No obstante haberse presentado en los mejores lugares de Europa, fue con la compañía de La Scala de Milán con la que hubo una mejor adhesión en lo referente a su profesión. En ella participó numerosas veces en puestas que reflejaron su calidad interpretativa.

Las óperas "Fedra", de Pizzeti, y "El Príncipe Igor" (1890), de Borodin, ambas en sus primicias, fueron dos de los melodramas que evidenciaron su fascinación por la música, misma que demostró en las giras que realizó por Madrid, Brasil, Uruguay, Chile y Holanda, obteniendo éxitos que se anexaron a su palmarés y engrandecieron su prestigio por todo el orbe, por lo que fue reconocida como una de las mejores cantantes de ópera.

De esta forma, en 1934, en Turín, cantó en la Difusión Italiana. Dos años más tarde, en 1936 participó en el Teatro San Carlo de Nápoles en el estreno de la ópera "Liolà", de G. Mullé. También interpretó "Später Pädagogin", en México.

Fue dirigida por grandes maestros de la música como Arturo Toscanini, Tullio Serafini, Pietro Mascagni y Giorgio Polacco. Sus grandes creaciones fueron "Orfeo" (1607), de Monteverdi "El barbero de Sevilla" (1883), y "La Cenicienta" (1817) de Rossini.

Más allá de los reconocimientos que obtuvo por sus interpretaciones a nivel internacional, en México fue nombrada directora honoraria del Conservatorio Nacional de Música, en 1921, por José Vasconcelos. Además participó en el establecimiento de la Ópera Nacional de la Ciudad de México.

Fundó el Seminario de Cultura Mexicana y la Academia de Música y Canto, de la que fue directora hasta su fallecimiento. Impartió cátedra en la Escuela Nacional de Música de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y del Conservatorio Nacional.

Mujer que se implicó en el arte desde temprana edad, en 1948 se retiró de los escenarios con la interpretación de la ciega en la ópera "La Gioconda", de Ponchielli, en el Teatro del Palacio de Bellas Artes, con lo que cerró una carrera prolífica en la cultura universal.

Por sus contribuciones a la ópera ha recibido reconocimientos en el extranjero y en su país. En 1987 le rindieron homenaje en la Ciudad de México con motivo del centenario de su natalicio (22 de enero de 1887).

Mientras que en el Teatro de la Scala de Milán se encuentra una placa alusiva a las representaciones que realizó Anitúa, en ese escenario.

Hoy en día, los homenajes siguen para la intérprete mexicana, pues su nombre forma parte de diversos ensambles como el Coro de la Escuela Superior de Música de la Universidad Juárez del estado de Durango, o el premio, que lleva sus insignias y que se otorga a los músicos sobresalientes.

Fanny Anitúa Yáñez, una de las mejores mezzosoprano de la historia en la música mexicana, murió el 4 de abril de 1968, en la Ciudad de México, a los 81 años de edad.

NTX/HCM/MCV

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