Proyecto de puente en zona protegida enciende alarmas en Uruguay

La habilitación para construir un puente sobre una laguna en una zona protegida del este uruguayo, rodeada de millonarios proyectos de viviendas de lujo frente al mar, despertó controversia entre quienes promueven el desarrollo de la zona y los que privilegian mantener el equilibrio ecológico.

La laguna, 180 kilómetros al este de Montevideo y a 70 del exclusivo balneario de Punta del Este, integra un amplio territorio declarado en 1976 por la Unesco como reserva de la biosfera Bañados del Este. Su espejo de agua de unos 18 km2 destaca en el agreste paisaje, donde cientos de especies de aves han transformado el lugar en un punto ideal para su avistamiento.

Con un viejo puente inconcluso en una de sus orillas, el ritmo cansino de dos balsas -operadas de forma manual y gratuita- sirve a cientos de turistas y algunos lugareños como único medio de transporte para unir los departamentos de Rocha y Maldonado, caracterizados por sus extensas playas de arena blanca.

La discusión sobre la necesidad de un puente que permita un mayor flujo entre ambos márgenes de la laguna se ha extendido por décadas, pero pujas políticas, empresariales y vecinales minaron los proyectos.

Ahora el gobierno aprobó un proyecto para construir un puente de hormigón que tendrá forma circular, dispondrá de un tramo para peatones y permitirá el pasaje de embarcaciones.

Según el ministerio uruguayo de Vivienda y Medio Ambiente (MVOTMA), la propuesta autorizada permite "asegurar la protección de los ecosistemas lagunar, costero y marino".

Además, exigen a los responsables de la obra presentar "un Plan de Gestión Ambiental de la Construcción" y se pide que si el puente tiene iluminación, "ésta deberá tener la menor intensidad posible y ser focalizada" para evitar fuertes impactos visuales en una zona protegida.

Pero el proyecto es cuestionado por defensores del medio ambiente.

"La evaluación del impacto ambiental se hizo en relación a un puente recto de 180 metros de largo, cuando el nuevo proyecto es totalmente distinto (...); es redondo en vez de recto, es alto, permite pasar embarcaciones, es innecesario en un sitio donde lo importante es la naturaleza", dijo a la AFP Luis Castelli, vicepresidente de la fundación Amigos de las Lagunas Costeras de Rocha.

La fundación pretende impulsar en marzo, cuando se levanten las vacaciones judiciales que congelan los procesos legales durante la temporada estival austral, un recurso ante la justicia para impugnar el mecanismo administrativo que se siguió para habilitar la construcción.

"Queremos que se haga un estudio ambiental transparente" de los posibles impactos de la construcción, ya que solo así "se cumplirá con la ley", agregó Castelli.

El puente también genera dudas entre los pobladores del cercano José Ignacio, pequeño balneario que en la última década se transformó en reducto de turistas ricos y famosos procedentes de todo el mundo que llegan en verano a disfrutar de la combinación de tranquilidad y glamour que ofrecen sus playas.

Ignacio Ruibal, vicepresidente de la Liga de José Ignacio, coincidió con Castelli en que la elección de un puente con otra forma exige un nuevo estudio de impacto ambiental.

A su vez, remarcó que para la Liga "la mejor alternativa es un eficiente sistema de balsas" ya que parte del "atractivo del lugar son sus lagunas y el acceso que se tiene a la costa de Rocha a través de balsas".

Para Ruibal es innegable que la comunicación entre Maldonado y Rocha, principales polos turísticos de Uruguay, "debe ser mejor", pero cree que el puente no es la alternativa correcta para "desarrollar de manera sustentable ese pedazo de la costa de Rocha".

En cambio, el alcalde de José Ignacio y del vecino Pueblo Garzón, Fernando Suárez, comentó a la AFP que "mientras se contemplen los informes de impacto ambiental no vamos a tener mayor oposición" a la construcción.

La obra "parece un proyecto interesante, bastante turístico, y como vemos que se está cuidando el medio ambiente no tenemos inconvenientes en su desarrollo", agregó.

Mientras dura el debate, sobre las playas vírgenes detrás de la laguna los carteles de terrenos en venta y nuevos emprendimientos de complejos de viviendas frente al mar se multiplican.

Uno de los principales impulsores del puente -y financiador del proyecto- es el millonario empresario argentino Eduardo Constantini, que desarrolla en la costa rochense un barrio privado de 240 hectáreas, con lotes de 2.000 a 4.000 metros cuadrados.

Según el plan aprobado este mes, el inicio de la obra no puede demorar más de dos años. Cuando comience, se prevén otros dos años para que entre en funcionamiento.

La fuerte transformación que ha experimentado y experimentará la zona hace "imprescindible mantener el equilibrio entre desarrollo y cuidado del medio ambiente", aseguró Suárez. "Eso es y será siendo prioritario para el gobierno y los vecinos que no queremos dañar la belleza de este lugar", añadió.

La habilitación para construir un puente sobre una laguna en una zona protegida del este uruguayo, rodeada de millonarios proyectos de viviendas de lujo frente al mar, despertó controversia entre quienes promueven el desarrollo de la zona y los que privilegian mantener el equilibrio ecológico.

El puente también genera dudas entre los pobladores del cercano José Ignacio, pequeño balneario que en la última década se transformó en reducto de turistas ricos y famosos procedentes de todo el mundo que llegan en verano a disfrutar de la combinación de tranquilidad y glamour que ofrecen sus playas.

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