La 'pinmanía' se apodera de Londres-2012

El griego Yannis y el canadiense Arvy se reencuentran cada dos años con ocasión de de los Juegos Olímpicos para cambiar y a veces vender pines olímpicos a coleccionistas y neófitos, que dicen estar "enganchados".

"Nos encontramos en Atlanta" en 1996 y después "hacemos todos los Juegos de invierno y de verano juntos y nos hemos hecho amigos", explica Yannis Ioannidis, de 47 años, con su gorro y sus ropas llenos de pines de los Juegos de Sídney, Pekín, Turín, Vancouver...

El espacio entre la piscina y el Estadio Olímpico de Londres parece un mercado persa. Sobre bandejas o cartones, una decena de coleccionistas proponen una multitud de insignias de los Juegos Olímpicos o de comités olímpicos exóticos, desde Mongolia a Seychelles.

En el puesto de Yannis, Jack, de 7 años, ve un pin de una pantera rosa con una bandera británica. "Te lo cambio por cinco insignias", le dice al coleccionista griego. Negocio concluido. Jack le da a cambio varias insignias de los Juegos de Atenas de 2004 representando el Partenón. "Podré venderlos en Grecia" por algunos euros, dice en un inglés aproximativo Yannis, que tiene un puesto en el mercadillo dominical de Atenas.

Pero este año, el intercambio y el comercio de pines, en los puestos, en el exterior de los sitios olímpicos, es menor que en otros Juegos, reconocen los coleccionistas.

Jim Schmidt, de Milwaukee (Wisconsin, Estados Unidos), quería pagar su viaje con la venta de pines, como en Pekín, Turín y Vancouver. "Pero estaría contento si llego a pagarme la comida y las cervezas", señala. "El único sitio donde llegamos a vender es en los bares", añade, mientras se hace fotos con turistas impresionados por su ropa cubierta de pines.

"Los británicos son bastente estrictos" sobre el comercio de insignias, considerado como venta en la calle e ilegal. "Pekín era más abierta", recuerda Sidney Marantz del club Olympin, especializado en la colección de pines olímpicos.

En estas condiciones, Tim se centra en el intercambio. "He hecho un negocio con un policía. Al final de los Juegos, me cambiará su casco por cinco pines", afirma. Otro coleccionista, español, cambia insignias por entradas olímpicas.

"Hacemos colección de insignias, pero sobre todo de encuentros", estima Timothy Adcox, un estadounidense de 59 años. Los pines "son una vía para hablar a la gente".

"En mi casa, pongo las insignias en marcos y son la memoria de la gente que he encontrado", cuenta Bobby Patcheke, un estadounidense que ahorra ya 80 euros por mes para ir a los Juegos de Río, en 2016.

"En su origen, los pines eran intercambios entre los participantes de los Juegos, era una manera de romper el hielo", cuenta Sidney. Pero a partir de Montreal en 1976, los espectadores también se interesaron. Y los patrocinadores también.

En el parque olímpico de Londres, Coca-Cola tiene un puesto dedicado a los pines, vendidos entre 6 y 57 euros, y propone, en edición limitada, "el pin del día".

"Comencé a coleccionar hace diez días", afirma Steve Angell, que trabaja en un medio audiovisual y que busca acumular pines de los Juegos Olímpicos de Londres y del grupo audiovisual estadounidense NBC.

"Es como negociar droga, salvo que es legal y tiene muchas menos consecuencias. Aquí intento tener mi dosis", explica este treintañero, yendo de un puesto a otro.

La chaqueta de un asistente a los Juegos Olímpicos de Londres-2012, cubierta de pines, en una fotografía tomada el pasado 1 de agosto en la capital británica.

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