Los peores años de la mamá de Fanny


Mala Madre
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Hace ocho años que empezó la pesadilla de la familia Sánchez Viesca Ortiz y hasta ahora no parece haber intenciones oficiales por ponerle un fin. El 5 de diciembre de 2004 la pequeña Silvia Stephanie, entonces de 16 años, desapareció de la parada del camión en la esquina de la calle 28 y Matamoros, en la ciudad de Torreón, Coahuila. Por más rápido que se fue, simplemente no llegó.

Como suele ocurrir últimamente en estos casos, la familia investigó por su cuenta y averiguó que los presuntos secuestradores podrían ser integrantes de Los Zetas y que habrían contado con apoyo del disuelto Grupo Antisecuestros de Coahuila. De acuerdo con información recabada por los periódicos Vanguardia  y Reforma, cuatro años después se enteraron por la ex fiscal para la Atención de Delitos contra las Mujeres de la PGR, Alicia Pérez Duarte, que Fanny presuntamente vivía en Estados Unidos, que había sido secuestrada para ser pareja del jefe máximo de ese grupo delictivo, Heriberto Lazcano, El Lazca, y que habría tenido un hijo suyo. En una ocasión incluso ubicaron su paradero en la ciudad de Pharr, Texas.

Si todo lo anterior no fuera suficiente motivo para aniquilar la vida de cualquier padre, las autoridades fueron un poco más allá: nadie pudo ir a investigar si esto era cierto. La fiscal Pérez Duarte aseguró en su momento que no contó con apoyo de la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada (SIEDO) ni del área internacional de la PGR para solicitar la colaboración del gobierno de Estados Unidos. Y que le hicieran como quisieran.

En vano los padres de Fanny se han pasado los últimos ocho años tratando de sensibilizar a algún funcionario público que quisiera hacer su trabajo. Tuvo que llegar la casualidad a obrar en su favor para que su caso ocupara otra vez la atención de las autoridades y se colocara en el centro de la opinión pública. La muerte de El Lazca en un enfrentamiento con integrantes de la marina, una foto encontrada entre sus pertenencias y el testimonio de Salvador Martínez Escobedo, la Ardilla, ubicaron a la joven secuestrada como la mujer que aparece en la imagen y, por lo tanto, como la pareja de El Lazca. Fin de la historia, ¿qué no?

Foto: Facebook


Aquí viene el problema. Las autoridades siguen si hablar con la familia ni tomar en cuenta sus dudas, los datos que han conseguido gracias a sus investigaciones y mucho menos sus requerimientos. Sin pruebas contundentes ya dieron por hecho que la joven es quien aparece en la foto con El Lazca y el interés que debería haber por encontrarla brilla por su ausencia. A la emoción inicial de averiguar por fin qué fue de su hija, los padres de Fanny han pasado a la desilusión de ser ignorados de nueva cuenta por la Procuraduría de Justicia del Estado de Coahuila, la PGR, la Marina.

La Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y el Caribe (CATWLAC por sus siglas en inglés), organismo que ha apoyado a la familia de Fanny en su búsqueda, ha tenido que precisar en sendos comunicados que a los padres no les consta que se trate de la hija. Y lo menos que esperan es que la Procuraduría explique por qué a ellos sí.

Todos los días me pregunto si la ineficacia de las autoridades mexicanas es sólo torpeza o simple maldad. Por qué no hay por lo menos un funcionario dedicado a devolverle su hija a doña Silvia Elia Ortiz. Dónde rinden cuentas, con quién quedan bien. Cómo es posible que se les fuguen los cadáveres. Alguien, algo, algún día, que nos explique dónde recuperamos un poco de fe.

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