Gaseosas light, galletas de arroz y mucha ansiedad

En las heladeras nunca faltan las botellas de agua y latitas de gaseosa light -las preferidas-, aunque tampoco escasea la versión con azúcar. Y en los livings negros contiguos a la zona de peinado y maquillaje, los alfajores light de galletas de arroz cubiertos de chocolate y rellenos de limón, que apenas aportan 86 calorías y ayudan a calmar la ansiedad de la espera.

Las más de 80 modelos que saldrán a la pasarela de BAFWeek en los distintos desfiles esperan pacientemente a que les llegue el turno de peinarse y maquillarse. La transformación es notable. Franquean con se metro setenta y cinco u ochenta la puerta, a cara lavada y con escasa producción, y en apenas 20 minutos se convierten en espectaculares modelos que deslumbrarán en la pasarela. El último paso es cambiarse para salir al ruedo.

Un batallón de maquilladores trabajan contra reloj para hacer delineados, marcar pómulos y pintar uñas de manos y pies. Y otro importante número de peinadores lucha con colas de caballo extremadamente tirantes, rodetes perfectos, bucles y trenzas imposibles. Sobre la pasarela, nada hace sospechar que semejante producción dura apenas minutos. Sobre los percheros dispuestos en los búnkeres de los diseñadores, la ropa también espera para salir a escena. La plancha es el último toque para que el diseño se luzca en todo su esplendor y quede como si en lugar de una modelo lo lleve un maniquí en la vidriera del local.

Para las modelos, los intervalos entre desfiles se pasan entre la lectura, charlas, las fotos de rigor y el ensayo, ya que treinta minutos antes de la hora señalada salen a "reconocer" la pasarela, este año más elevada que de costumbre.

Lo más difícil y ensayado es el saludo final, que requiere un orden y una coordinación que no siempre sale como lo planeado. Además, es la última imagen que el público se lleva y nadie quiere un cierre deslucido.

Ya cuando apenas faltan minutos para el desfile, las chicas se juntan a la salida del búnker del diseñador para el que harán la pasada, y las productoras, junto con el responsable de la colección, ultiman los detalles para que todo salga perfecto, tal como fue ensayado. En fila, en estricto orden de salida, cada modelo pasa la última revisión y recibe la arenga de las otras, como si fuera un equipo de fútbol a punto de abandonar el túnel para salir a la cancha. Muchas se acomodan los zapatos, otras piden ayuda con un dobladillo rebelde y la mayoría reza para no trastabillar en la pasarela, tal vez la peor de las pesadillas para una top. Aunque casi todas tienen una pasada, hay quienes deben hacer un cambio ropa, y no bien traspasan la cortina corren para cambiar su vestuario en una prueba de habilidad y destreza.

Después del saludo final, es tiempo de relajarse, cambiarse y volver a ser las mujeres que llegaron horas antes para hacer su trabajo con su metro setenta y pico y a cara lavada.

BAFWEEK, DETRÁS DE LA PASARELAS

El fotógrafo Maxi Amena retrató lo que ocurre en el backstage de los desfiles, donde las modelos se transforman antes de deslumbrar al público y a la crítica

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