El año de la profecía maya

Si usted lee este artículo en la pantalla de su ordenador es porque el augurio del fin del mundo fijado para el 21 de diciembre de este año no se cumplió. Si fue de los que gastaron mucho dinero en libros sobre ese supuesto apocalipsis prefigurado por los mayas o dedicó infinitas horas a leer “eruditos” artículos en Internet sobre el tema, no se sienta mal, muchas personas creyeron en la apócrifa profecía. 

Los crédulos, armados por las afirmaciones "científicas" de cientos de libros, documentales, y textos de los más dispares orígenes; y persuadidos por la acumulación de catástrofes naturales –terremotos como el de Chile, China, Haití (2010) y Japón (2011), huracanes devastadores como el Sandy, sequías interminables—desestimaron la opinión de expertos en el estudio de la cultura maya e investigadores de otras ramas de la ciencia. Aunque la evidencia en los jeroglíficos y pinturas murales de la antigua civilización mesoamericana no anunciaban cataclismo alguno, el miedo ganó la partida, hasta la medianoche del día fatal.

"Tenemos una mentalidad apocalíptica, estamos obsesionados con el fin del mundo, esto es algo que heredamos de la religión judeo-cristiana", resumió el epigrafista mexicano Erick Velásquez en una conferencia sobre el tema. "Está en nuestro colectivo cultural y en nuestra apreciación del mundo esa idea de que el tiempo es lineal, que tuvo una creación y que tendrá un juicio final, que habrá un apocalipsis pero los mayas no", aseveró.


La “profecía” maya

La culpa de todo este enredo recae sobre los relieves de una piedra descubierta en 1958 en el sitio arqueológico de Tortuguero, en México. El ahora mundialmente célebre Monumento 6, cubría una tumba en el interior de un santuario de esa antigua ciudad maya. Uno de sus fragmentos, conservado hoy en el Museo Pellicer de Villahermosa, menciona la fecha 13.0.0.0.0. 4 Ajaw 3 Kank´in, que en el calendario gregoriano equivaldría al 21 o 23 de diciembre de 2012. Esa simple evocación de un día tan distante, anunciado como el fin de un ciclo, desató la especulación sobre un presunto apocalipsis.

Fue el escritor estadounidense Frank Waters el inspirador moderno de la supuesta profecía maya del fin del mundo con su libro "México místico: la llegada de la sexta era de la conciencia" en 1975. En ese texto el novelista tejió una deslumbrante, pero disparatada teoría, mezcla de creencias de los mexicas y los mayas, para llegar a la conclusión de que en la célebre fecha ocurriría una catástrofe como señal del fin de la era del Quinto Sol. 

La supuesta profecía maya del "fin del mundo" no se cumplió. (AFP | Luis Pérez)Pero en rigor, ¿qué describían los bajorrelieves mayas de Tortuguero? Según investigaciones del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México (INAH), la también conocida como Estela 6 relata la historia del gobernante Ahpo Bahlum y celebra sus 25 años en el poder, cumplidos en el 699 d.C. La narración hace entonces referencia a la archiconocida fecha de diciembre de 2012 como un momento en que el dios Bolón Yokté’ descendería en el cielo e iniciaría una nueva era, pero no el fin del mundo.

¿Por qué los mayas se interesarían en una fecha tan remota? Los estudiosos de las culturas mesoamericanas aseguran que para políticos y sacerdotes de la época demostrar el control de los ciclos temporales constituía un elemento esencial de su ascendencia sobre los súbditos. Los mayas concibieron ciclos cortos y otros vastísimos, que trascienden incluso la "fatídica" fecha del 2012, porque creían en la continuidad del tiempo y la necesaria renovación de la vida. 

El cálculo del tiempo marcaba, en la práctica, la realización de rituales vinculados con la agricultura, la guerra y otras costumbres de esas civilizaciones. La terminación de uno de esos ciclos se celebraba como hoy festejamos el nuevo año o el aniversario de una fecha importante en la historia de nuestros países. La diferencia fundamental entre aquellos míticos habitantes de la América Central y México, y nosotros, radica en la religiosidad omnipresente en la vida de los mayas, tan ajenos al corriente nihilismo moderno.

Pero, lamentablemente, en las últimas décadas la lectura parcial y las conclusiones delirantes de los escritores de la filosofía New Age y el llamado Mayanismo han calado más en la mente de millones de personas. La industria editorial se ha beneficiado de la venta de decenas de “best sellers” que recrean la profecía maya y juegan con la ignorancia (y el dinero) de un público ávido de nuevas creencias en un mundo donde las viejas utopías se cotizan a la baja en la bolsa. Los científicos que han escrutado en la literatura mesoamericana y sus miles de inscripciones no dejan de sorprenderse por la propagación exitosa de semejantes embustes.


El hallazgo en La Corona

En abril pasado un grupo de arqueólogos descubrió en las ruinas de La Corona, Guatemala, una segunda inscripción que remite al 21 de diciembre de 2012. El hallazgo ha sido catalogado como el texto maya más extenso encontrado en ese país centroamericano.

David Stuart, profesor de la Universidad de Texas en Austin, explicó en declaraciones a la prensa que esos jeroglíficos describen unos 200 años en la historia de la ciudad de Sak Nikte’. En uno de los fragmentos se conmemora la visita del gobernante de Calakmul en enero de 696 d.C. Derrotado por sus archienemigos de Tikal, este rey había emprendido una gira por las urbes aliadas para calmar sus temores, un episodio que nos recuerda el protocolo de la política exterior moderna.

De acuerdo con la interpretación de Stuart, la referencia al 21 de diciembre de 2012 puede entenderse como una expresión de las dimensiones cosmológicas de la política entre los mayas. Elogiado como el Señor del 13 Katún (un katún equivalía a 20 años), el escriba calculó cuándo se repetiría el 13 –número sagrado—en el calendario maya y arribó a la fecha “maldita”, el final del 13 Baktún, solo con la intención de situar el reinado de Yuknoom Yich’aak K’ahk’ en un contexto temporal mucho mayor. Como cuando decimos: “Michael Phelps ha sido el mejor nadador de todos los tiempos” y sin notarlo zambullimos al deportista estadounidense en una piscina de miles de años de historia de la humanidad.


El calendario más antiguo

La humilde vivienda de un escribano maya de la ciudad de Xultún, en la selva del Petén, ha colocado otro mentís sobre la tumba de la agonizante profecía maya del fin del mundo. Un grupo internacional de arqueólogos penetró en el verano pasado en la morada de este antiguo funcionario y halló en sus paredes una serie de glifos con cálculos matemáticos que trascienden el 2012.

El calendario más preciso y conceptualmente más rico que se haya elaborado en el mundo. (AFP/Archivo)Las operaciones aritméticas del anónimo escribano pretendían hallar una armonía entre el movimiento de los astros y los rituales terrenales. Las fechas reveladas en los muros de la casa alcanzan 7000 años en el futuro, a partir de algún momento del siglo IX d.C.


El fin del mundo maya

Para cerrar el “año maya”, la revista Science publicó un artículo el pasado 8 de noviembre que atribuye el colapso de esa civilización a un cambio climático. Según el estudio, un largo período de bonanza en las condiciones meteorológicas estimuló un vertiginoso crecimiento demográfico, sustentado por una explotación intensiva de los recursos naturales. Luego, cuando la sequía se ensañó en la región durante un siglo (entre el 1020 y el 1100 d.C.), todo el sistema productivo colapsó. La escasez de recursos desestabilizó el equilibrio político y las guerras se sucedieron. Incapaces de adaptarse a las nuevas condiciones, el esplendoroso mundo maya desapareció.

En el amanecer de la nueva era anunciada por la profecía, quizás ese declive de los mayas nos enseñe más sobre nuestro sombrío futuro que todos los falsos augurios.

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