Cinescopio loco

La importancia de una salchicha



Quienes han vivido bajo regímenes comunistas o en situaciones de posguerra recuerdan el racionamiento: las eternas filas para comprar un producto de calidad mediocre, los retrasos de las mercancías, los cambios de último minuto que transfiguraban el pescado fresco en una magra ración de pollo u otra invención de dudosos ingredientes, el mercado negro… Una pesadilla que consume el tiempo y engendra vínculos de dependencia con gobiernos autoritarios y corruptos.

En la Unión Soviética de los años '50, el "paraíso" socialista de Stalin, las salchichas eran un alimento codiciado. Los camaradas solo podían adquirir 200 gramos al mes, distribuidos mediante un sistema de cupones de comida. La producción se efectuaba a partir de la receta tradicional, solo con ingredientes naturales. De esa época angustiosa nos llega la historia de este anuncio de la fábrica Cherkashin, sobreviviente de aquel tiempo.

"¡La conseguí, la conseguí!", grita a su mujer el protagonista del video, jadeante, como quien ha llegado a la meta después de una carrera de relevos y levanta sonriente la salchicha. Luego entra en la casa y ve a una vecina con su hijo. "Marya Petrovna, ¿por qué están sentados aquí de esa manera?", pregunta. "Mi Vanechka acaba de ser reclutado por el ejército", responde la madre. La noticia congela la alegría del hombre, que vacila unos segundos antes de tomar su trofeo y entregárselo. "Deberían celebrar la despedida", les dice.

A la salida encuentra a su esposa. "Y finalmente, ¿qué conseguiste?", interroga ella. Y el hombre, que ya no puede cambiar su decisión, extrae de sus bolsillos un barullo de hierros hasta encontrar una diminuta pieza: "Un nuevo fusible", afirma. Pero la mujer lo condena con la mirada pues ignora el acto de solidaridad que su esposo acaba de realizar.

Otra publicidad de Cherkashin reconstruye una de aquellas filas en los desolados comercios soviéticos. Y nuevamente el gesto altruista de un afortunado que ha recibido la última salchicha matiza el monótono color de la realidad socialista.

Separados por más de medio siglo de aquella edad sombría, los exsoviéticos de hoy bromearán probablemente sobre la escasez y la opresión sufrida bajo el estalinismo y sus herederos. En otros sitios menos distantes, el racionamiento y la demagogia aún condimentan el menú de cada día.

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