Neflix en México: ¿Puede sustituir a la televisión de paga?

Para muchas personas en México, la televisión de señal restringida es un gasto fijo, tanto como pagar el gas, la luz o el agua. De acuerdo con cifras del Latin American Multichannel Advertising Council, a diciembre de 2010, 10.5 millones de hogares mexicanos contaban con este servicio; y de acuerdo a su proyección, para finales de 2011, la cifra ascendería a 13 millones -equivalente a uno de cada cinco hogares en el país-.

En términos generales, el escenario de la televisión restringida está dominado por unos cuantos actores. Sin embargo, en septiembre de 2011 llegó un nuevo contrincante a suelo nacional: Netflix. Para quienes no estén familiarizados con el tema, se trata de un servicio de renta de series y películas vía streaming. ¿Cómo funciona? El usuario se conecta a Netflix a través de un dispositivo con receptor de Internet -por ejemplo, una consola de videojuegos como PlayStation 3, un Nintendo Wii o un Xbox 360-; elige un programa del catálogo del servicio y el contenido se descarga al momento (como cuando vemos un vídeo de YouTube).

El costo de Netflix es de 100 pesos mensuales, relativamente bajo en comparación con la competencia. Por promoción, el primer mes es gratuito, lo que permite que el usuario haga la prueba del servicio. A dos meses de usarlo de manera asidua, puedo concluir que Netflix llegó de forma precipitada a nuestro país. Ni el mercado ni el catálogo son lo suficientemente maduros para explotarlo al cien por ciento, quedándose en una propuesta vaga, con muchísimo potencial pero sin solidez suficiente.

Desmenucemos: aunque el precio es muy atractivo en comparación con muchos planes de televisión restringida, su catálogo no desquita la inversión. Netflix se queda a medio camino en su apuesta. Por un lado, cuenta con series y películas relativamente nuevas, pero su oferta no alcanza a competir con la variedad de cintas de cualquier servicio de alquiler como Blockbuster. Si bien cuenta con la ventaja de la distribución en línea (muy conveniente contra la distribución física), las limitaciones de su gama de títulos novedosos hacen palidecer a Netflix ante alternativas de streaming como Cuevana.


Del otro lado, Netflix tampoco apuesta por un catálogo extenso de mayor antigüedad. Aunque cuenta con muchas series y películas producidas en los años ochenta y noventa, no se distingue por tener títulos emblemáticos. Al contrario, su oferta es mediocre, muy parecida a la de los canales de señal abierta. Si a estas limitantes le sumamos que los programas sólo pueden verse con subtítulos en inglés o con doblaje en español, la situación se agudiza.

Del mismo modo, la poca fiabilidad de muchos proveedores de servicios de Internet (ISP) provoca caídas constantes en el servicio. A pesar de que el mal funcionamiento de la conexión no es culpa de Netflix, sí es un problema que afecta directamente al televidente. Después de todo, México es considerado como uno de los países con peor penetración de banda ancha entre los 36 miembros de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE).

Para poder compertir, a Netflix le urge mejorar su catálogo, ofreciendo programación que no se encuentre disponible por otros medios -o en su defecto, ayudanado a superar la distribución física-. Desgraciadamente, no parece que el camino se corrija pronto. En julio de 2010, Televisa anunció un convenio con Netflix para poner su disposición más de tres mil horas de contenido. Es decir, más de lo mismo, pero por otro medio.

Además, los ISP deben poner de su parte al mejorar las condiciones de conectividad, así como ponerlas al alcance de la población en general. Aunque el costo de Netflix es bajo, el de los planes de Internet no lo es. De mantenerse el escenario actual, no sólo se frenaría una iniciativa interesante y un contrapeso necesario en el esquema de televisión restringida, sino que bloquearía la entrada y penetración de competidores similares, como Apple TV. En pocas palabras, Netflix no justifica la expectativa. A dos meses de su entrada a México, aún no puede se considerado como un sustituto de la televisión restringida; si acaso, como un complemento de lujo, pero nada más.
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