La propiedad intelectual en los tiempos de la abundancia

iStockphotHace un par de semanas, tuve la oportunidad de participar en un programa de televisión, hablando sobre propiedad intelectual e iniciativas de ley como ACTA, SOPA y la Ley Döring. En una intervención, mi colega Antonio Martínez, abogado y activista especializado en temas de Internet, mencionó que el problema del copyright tenía mucho que ver con el mercado de la abundancia.

El argumento central de la industria del copyright para criminalizar las descargas es la falacia de que copiar es igual a robar. El ejemplo es simple: si yo tengo una bicicleta y llega otra persona y me la quita, me está negando el derecho a utilizarla. Pero si yo tengo un disco y alguien más lo copia, en realidad no me están usurpando el derecho a disfrutarlo, ya que ahora hay dos objetos idénticos.

“Internet es una máquina de copias”, sentenció Martínez. En un sentido técnico, lo es. Este texto, por ejemplo, está alojado en un servidor a cientos (o miles) de kilómetros de su alcance. Lo que está leyendo es una copia que ha sido descargada en su computadora. Es un principio básico de la red: la distribución de paquetes de datos. El problema es cuando esa información constituye una obra -un libro, un disco, una película- y los derechos de explotación comercial son afectados.

Martínez señaló que el modelo de negocio de la industria está basado en la escasez. Es lógico: hay un número limitado de copias, las cuales tienen un cierto costo de producción y distribución. Pero Internet se basa en la abundancia. Una canción, por ejemplo, puede propagarse en millones de ordenadores sin necesidad de altos costos. Esto representa un serio conflicto para los defensores del copyright, pues no se cobra igual en un mundo donde los bienes son escasos que en uno donde hay para todos.

Pero, ¿no estamos matando de hambre al artista, al creador? No. Quienes han aprendido a aprovechar Internet a su favor saben sacarle jugo. “Hay que moverse en la abundancia para ganar en la escasez”, indica Martínez. Un estudio de la London School of Economics indica que los cantantes han visto un incremento en sus ganancias en conciertos y giras. ¿La razón? Más gente conoce su música gracias a la distribución en línea. Los conciertos -en su calidad de bien escaso- se han visto beneficiados con el modelo.

En la misma mesa redonda, Julio César Vega, director general de la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), profirió una frase contundente: “El talento es un bien escaso”. En sus palabras, lo que ha logrado Internet es eliminar a los intermediarios. Este nuevo orden ha sido benéfico para artistas que, con nulo apoyo de la industria, han logrado consolidarse. Claro que, para quienes han estado acostumbrados a una posición privilegiada, las reglan han cambiado. Así que, en vez de criticar (o peor, penalizar) el modelo democrático de Internet, ¿por qué no emular a quienes sacan provecho de la abundancia? Hay suficiente para todos.

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