La cremallera: tecnología cotidiana insuperable

Foto: iStockphotoLa semana pasada hablaba sobre las tecnologías básicas que hacen que nuestra vida cotidiana sea mucho más sencilla, como el Tetra Brik. Me refiero a aparatos o mecanismos tan simples que casi nunca nos detenemos a reflexionar sobre su importancia. Por esa razón, hoy quiero hablarles sobre el papel crucial que tiene la cremallera (o cierre) y cómo es que, a casi un siglo de existencia, no hemos podido superarla.

El cierre (también conocido como zipper) fue inventado como tal en Canadá en 1913, por el sueco Gideon Sunback. Este empleado trabajó en la compañía Universal Fastener, propiedad de Whitcomb L. Jackson, quien años antes había patentado un sistema parecido al de la cremallera actual. Basado en ese invento, Sunback creó un mecanismo en el que dos hileras de dientes se unen cuando un cursor se desliza sobre ellos.

La cremallera cambió por completo la historia de la ropa. En la indumentaria masculina, fue incluido en la bragueta, la cual permite que un hombre orine sin necesidad de retirarse los pantalones. Antes de incorporar el cierre, estas prendas eran mucho más amplias para poder facilitar el movimiento del pantalón. La bragueta ayudó a hacer modelos más estéticos y a no depender del elástico en la cintura para sujetarlos.

El principio detrás de la cremallera es simplemente genial. Cada diente del cierre tiene un hueco en la parte inferior y una especie de pestaña en la superior. El cursor (la pieza que usamos para unir las dos hileras dentadas) tiene una forma de “Y”, de modo que al pasar por ésta, los dientes embonan entre sí. Estas uniones, aparentemente débiles, generan una fuerza total muy grande. Por esa razón es que resulta fácil separar los dientes cuando pasa el cursor entre ellos, pero nos es muy complicado abrir un cierre a la fuerza jalándolo de algún extremo.

El único invento que ha estado cercano a suplir a la cremallera es el velcro, el cual funciona de una forma similar. El velcro consiste en dos tiras de telas: una con puntas flexibles terminadas en gancho, la otra con una maraña que permite el enganche. Si bien este sistema es muy utilizado en todo el mundo, no ha alcanzado la eficiencia del cierre debido al desgaste de las fibras.

¿Por qué no hemos podido superar a la cremallera? Sencillo: porque es la solución más práctica que tenemos. Se puede fabricar en metal o plástico, de forma masiva y a un coste muy bajo para el público. El cierre, como mecanismo, es una auténtica maravilla, demostrándonos que muchas veces, no se necesita de hacer gala de complejidad para conseguir una revolución que perdure hasta nuestros días.

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