La conspiración del copyright cierra a Megaupload.

Cuatro por ciento del tráfico de Internet. Ésa es la magnitud que tiene Megaupload, el popular servicio de alojamiento e intercambio de archivos. Posee más de 180 millones de usuarios registrados, una cifra más o menos equivalente a la población total de Pakistán, el sexto país con más habitantes en el mundo. En sus seis años de vida, ha facturado más de 110 millones de dólares por concepto de suscripciones. Sin llegar a las dimensiones de Google o Facebook, Megaupload es un nombre con bastante peso en la red.

En ese sentido, el cierre de Megaupload por parte del Departamento de Justicia cimbró a Internet. Un día después de que el planeta se volcara contra las leyes SOPA y PIPA, el gobierno de Estados Unidos mandó un mensaje poderoso: la guerra del copyright será más dura que antes. ¿Se trata de una contraofensiva contra las protestas del 18 de enero? Es muy probable. Con el río tan revuelto, suena lógico que las autoridades de Estados Unidos hayan visto la coyuntura ideal para dar un golpe sobre la mesa. De acuerdo a los delitos imputados, cada uno de los señalados podría pasar hasta 50 años en la cárcel.

En su acusación, el FBI giró una orden de aprehensión contra siete trabajadores de la página -desde el director hasta el diseñador gráfico- por los delitos de infracción de la propiedad intelectual, lavado de dinero, crimen organizado y conspiración contra el copyright. ¿Conspiración? En efecto, parece que Hollywood prestó a sus guionistas, pues el FBI asegura que Megaupload es “una organización criminal global cuyos miembros están comprometidos con la violación de la propiedad intelectual y el lavado de dinero (?) a grandes escalas.”

Así mismo, a quienes creían que las leyes de Estados Unidos sólo aplican para sus ciudadanos, están muy equivocados. Megaupload es un sitio establecido en Hong Kong.  Además, los brazos de la ley alcanzaron a cuatro de estos acusados, quienes fueron arrestados en Nueva Zelanda. Además, en la mira del FBI están otros sitios en el extranjero, como Taringa o SeriesYonkis.

Por supuesto, la acción no les ha salido nada barata. Millones de personas se han manifestado en contra del cierre de Megaupload. El grupo hacktivista Anonymous desplegó un ataque de denegación de servicio (DDoS) que afectó a los sitios web del Departamento de Justicia, el FBI, la MPAA, la RIAA y a Universal Music. Por su parte, Megaupload ha anunciado su regreso mediante un sitio web alternativo (www.megavideo.bz).

El cierre de Megaupload es una muestra de lo que el gobierno de Estados Unidos puede hacer con tal de beneficiar a la industria -ahora, ¡imaginen lo que podría conseguir si SOPA o PIPA son aprobadas!-. Bajo la defensa de la propiedad intelectual, esta acción pasa sobre los derechos de los usuarios, asumiendo que todo el contenido del sitio es de carácter ilegal. Quitemos, por un momento, el tema del copyright: ¿qué pasa, por ejemplo, si un estudiante quiere enviarle un archivo de un trabajo a un amigo? ¿Por qué no tendría derecho a acceder a un fichero de su autoría? ¿Por qué no puede compartir su trabajo a través de un sitio que ofrece un servicio de hospedaje?

El escenario es sumamente peligroso: antes que buscar otro modelo de negocios, la industria ha decidido sacar el garrote para reprender, para destrozar, para romper. Y los gobiernos, con tanto dinero inyectado por los defensores del copyright (como los millones que Hollywood ha decidido retirarle a Obama rumbo a la reelección por pronunciarse contra SOPA), proveen las herramientas. Si un grande como Mediaupload ha caído, ¿cuál es el escenario para los demás servicios similares? Uno muy, muy sombrío.

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