El caso Samsung y la relación entre marcas y blogueros

En su libro de 1997, el presidente de Samsung, Lee Kun-hee, escribió que una compañía exitosa necesita "un agudo sentido de crisis", de modo que siempre mire hacia adelante incluso cuando todo vaya bien y tiene que ser capaz de responder a los cambios. En la imagen, de 25 de agosto, el logo de Samsung. REUTERS/Bazuki Muhammad/Files

Un caso reciente entre Samsung y un par de blogueros indios ha levantado muchas dudas en torno a la relación de las marcas con quienes escriben sobre sus productos. Los blogs tienen un peso muy específico en la decisión de compra de muchas personas, por lo que los fabricantes saben que una buena reseña puede ayudarlos mucho. Pero, ¿cómo se lleva esta relación entre ambos actores? ¿Hay algún pago de por medio o se hace sin ningún compromiso previo? ¿Cómo se toman las marcas una mala reseña? Antes de proseguir con las dudas, veamos lo que pasó hace unas semanas.


En el marco de la IFA 2012 de Berlín, uno de los eventos más prestigiosos de tecnología del mundo, Samsung invitó a dos blogueros reconocidos de India a cubrir sus lanzamientos. La invitación incluía gastos de transporte y alojamiento. Por supuesto, los blogueros aceptaron, pero recibieron una tremenda decepción cuando, al llegar, Samsung les dijo que habían sido llevados como promotores de la marca. La idea de Samsung es que ambos blogueros promocionaran los productos en un stand, incluso con la playera de la firma puesta.

Por supuesto, ellos se negaron, a lo que la marca respondió retirándoles los privilegios del viaje. Quedaron desamparados en Berlín; y de no haber sido por un representante de Nokia que los auxilió, no habría tenido donde hospedarse ni como volver a su país. Samsung se disculpó diciendo que ambos blogueros eran parte del programa Mobilers, una estrategia de relaciones públicas para que editores de tecnología de todo el mundo tengan acceso a dispositivos de la marca para probarlos antes que nadie. Sin embargo, parece que dicho programa implica convertirse en embajador de los productos de Samsung, algo que no se explica desde un inicio.


A propósito, relataré una experiencia. Llevo casi tres años como blogger de tecnología. En 2010, recibí una invitación de un fabricante -cuyo nombre omitiré- para cubrir un evento en Acapulco. Nos hospedaron en un hotel lujoso por tres días, nos trataron como reyes (un paseo en fragata incluido) y nos obsequiaron un teléfono móvil. Durante esos días tuvimos decenas de charlas donde nos presentaron todas las gamas de sus productos nuevos. La marca no escatimó en gastos para tenernos consentidos.


Muchos de los bloggers con los que asistí hicieron una cobertura extensa del evento, hablando maravillas. Un colega, más experimentado, me dijo que no escribiera nada hasta estar seguro de mi opinión. Me dijo que usara por lo menos una semana el celular que me regalaron antes de ofrecer mi reseña. Eso hice y el teléfono me pareció una porquería. Al final, escribí un texto sobre el móvil que me obsequiaron. Lo mandé al fabricante, explicándole que no lo publicaría en respuesta a sus atenciones. En el evento también presentaron una portátil nueva; para reseñarla, pedí un producto-muestra (un ejemplar que te prestan por unas semanas para que lo analices a fondo), y me lo negaron porque no tenían en existencia. “¿Cómo voy a escribir de algo que toqué sólo por 10 minutos?”, les pregunté. Sobra decir que no he vuelto a recibir una invitación a sus eventos.


Bien, ¿por qué lo saco a colación? Porque las marcas -o en su defecto, las compañías de marketing que contratan- hacen lo imposible por obtener buenas reseñas. El prestigio tiene un gran valor, y cuando un bloguero que tiene reputación emite una recomendación positiva, se refleja en las ventas. Para quienes escribimos, la tentación es grande. Pero como me dijo ese sabio colega: cuando vendes la primera reseña, ya vendiste todas.


A las marcas, un consejo: dejen que sus productos hablen por ustedes. Si quieren consentir a los blogueros, adelante; pero no se ofendan si se asume una posición crítica. Su trabajo es crear productos para el mercado, el nuestro es usar nuestro criterio para reseñarlos. Si un dispositivo es bueno, las opiniones positivas llegarán solas. Si es malo, quizá lo maquillen a golpe de billetes, pero al final, el perjudicado es quien vende su opinión al mejor postor; y por supuesto, el cliente decepcionado.



Sígueme en Twitter


@padaguan

Cargando...