Ataques DDoS: cuando el remedio es peor que la enfermedad

Foto: iStockphotoHablar de activismo en Internet es un tema puntilloso. No porque la mera discusión del tema acarree consecuencias, sino porque es difícil ponerse de acuerdo sobre los métodos y los objetivos. Desde el punto de vista más básico, la noción de hacktivismo(neologismo utilizado comúnmente para describir esta actividad) implica el uso de las redes en favor de los derechos humanos; en especial, de la defensa de la libertad de expresión y asociación. Así mismo, contiene un componente que apunta hacia la desobediencia civil, la protesta y la organización ciudadana.

Históricamente, la tecnología ha sido un aliado, sobre todo cuando se trata de evadir la censura o coordinar protestas. Desde rotativos y volantes impresos hasta mensajes de texto (SMS), el activismo siempre se ha valido de herramientas para apoyar sus causas. En este sentido, Internet ha resultado ser excepcional. Las redes sociales, por ejemplo, fueron fundamentales para difundir información durante la Primavera Árabe en 2011; así como la creación de túneles VPN y redes proxy ayudó a superar la censura a la red impuesta por regímenes totalitarios.

Dentro del abanico de acciones, una de las más conocidas son los ataques de denegación de servicio (DDoS). Básicamente, se trata de sobrecargar un servidor determinado para evitar que los usuarios puedan acceder. Son muy empleadas por su sencillez y eficacia, regularmente con el objetivo de “tirar” páginas web de cierto gobierno, u organización. Aunque existen desde hace mucho tiempo, estos ataques han ganado presencia mediática por ser una de las técnicas preferidas de grupos como Anonymous.

En México podemos contar varias acciones de este tipo, como la Operación Tequila, ejecutada en febrero de 2011 contra los sitios de la empresa de medios MVS, como una protesta contra la censura a la periodista Carmen Aristegui. Ese mismo mes, se realizó la Operación México, destinada a tirar la página de la Presidencia (aunque con magros resultados). A inicios de este año, se desarrolló la Operación Döring,  en la que se atacaron los sitios de la Secretaría de Gobernación y el Senado de la República, entre otros.

Con el tiempo, estas tácticas se han popularizado como un mecanismo de protesta. Empero, los ataques de denegación de servicio son blanco de múltiples críticas, incluso de parte de los mismos activistas. Usar DDoS es percibido como un movimiento que, lejos de refrendar la libertad de expresión, la limita. Oxblood Ruffin, fundador del grupo Hacktivismo en 1999, explica que -salvo muy pocos casos- este tipo de ataques no están justificados. Sólo en situaciones donde la información que se extrae o se retira pone en riesgo la integridad de una persona (por ejemplo, cuando el gobierno iraquí publicaba en línea los nombres de los disidentes) es comprensible la utilización de estas técnicas.

Otra crítica se centra en la “calidad” de la protesta. En un acto público de desobediencia civil existen un compromiso físico, el cual conlleva un riesgo. Para Ron Deibert, de la Universidad de Toronto, una protesta mediante un ataque de denegación de servicio pierde ese componente, por lo que puede considerarse como frívola. Así mismo, la facilidad con la que se puede ejecutar una acción hostil de este tipo provoca que haya menos reflexión sobre las consecuencias. El resultado orilla a la creación de políticas más restrictivas en torno a Internet, con una búsqueda de mayor control por parte del Estado. A la larga, el remedio puede salir más caro que la enfermedad.

Lo que debe quedar claro es que el activismo en Internet no se reduce sólo a los ataques DDoS. El hacktivismo, en términos generales, implica el uso de la infraestructura de Internet en defensa de los intereses ciudadanos; pero eso no exenta a la sociedad ni del uso de otras herramientas ni de su participación física. Como toda técnica, la justificación de estos ataques de denegación de servicio dependerá del contexto en el que se les use. Sin embargo, su eficacia sí puede ponerse en duda al considerar estas atenuantes -sobre todo en el caso mexicano, donde acapara los reflectores-. Porque así como una golondrina no hace verano, una página web tirada no necesariamente hace un cambio

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