ACTA revive en México

Foto: EFEAyer por la noche, el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual emitió un comunicado en el que anunciaba que México firmaba ACTA. La noticia causó una sorpresa mayúscula, pues para muchos el tema ya estaba cerrado. ¿No que ACTA había muerto? ¿No había dicho el Senado que no suscribiríamos el acuerdo? Pongamos un poco de contexto.

ACTA son las siglas del Acuerdo Comercial Anti-Falsificación, un documento internacional pensado para combatir la piratería y defender la propiedad intelectual. En la práctica, se trata de un conjunto de reglamentaciones que privilegian a las industrias que dependen del copyright, desde compañías de entretenimiento (cine, televisión, música) hasta fabricantes de productos farmacéuticos.

Entre los muchos problemas de ACTA, el principal fue que se negoció a espaldas de la opinión pública. Ante la opacidad, un grupo de senadores solicitó al gobierno federal que se garantizara la transparencia en las negociaciones. Conforme creció el repudio popular a ACTA, el Senado convocó a un Grupo Plural de Trabajo, formado por académicos, especialistas, creadores, empresas y ciudadanos. Después de meses de discusión, los legisladores enviaron una recomendación al Poder Ejecutivo (es decir, al presidente Felipe Calderón) para no firmar el acuerdo.

Al final, la medida parecía haber tenido resultados. México no se presentó en octubre de 2011 a suscribir ACTA. Fue considerado un éxito sin precedentes, gracias a un trabajo conjunto entre sociedad civil y legisladores. Después, la mirada pública se movió hacia otros frentes, como la Ley Döring o la iniciativa SOPA. Así, quedó pendiente el pronunciamiento del presidente. En ningún momento Calderón señaló su rechazo a ACTA. Algo andaba mal.

ACTA fue perdiendo fuerza en diferentes países. La Unión Europea, que había suscrito el acuerdo en 2011, terminó por rechazarlo hace apenas unos días. El rechazo europeo presionó a varios países involucrados en ACTA a tomar una decisión. Así, el gobierno federal desoyó la recomendación del Senado y decidió firmar el acuerdo.

¿Qué sigue? Para que ACTA entre en vigor, necesita ser aprobada por el Senado. El punto es que, debido a los tiempos, le tocará a los senadores electos decidir si pasa o no el acuerdo. Ellos pueden o no respetar las resoluciones del Grupo de Trabajo anterior. Son los legisladores quienes tienen la última palabra (y los ciudadanos, por supuesto, si decidimos ejercer presión sobre esa decisión).

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