Sospechosismo a la antigua

Manual del perfecto votante mexicano (1)

Foto: CuartoscuroEn el claro oscuro electoral, votar no es un acto tan sencillo como parece y no está necesariamente supeditado a la convicción de inclinarse por un partido y su candidato. Requiere de una serie de elementos que no se pueden soslayar y que están relacionados con protocolos y etiquetas, estrategias y códigos que se deben respetar, a riesgo de no brillar en sociedad. Por eso, ante la necesidad de no perder el glamour frente a las casillas electorales y no perder el estilo como los anticlimáticos miembros de la Nueva Banda TimbirIFE, ofrezco este manual que tiene algo de José G. Cruz y del Pantera.

Afortunadamente no hay elecciones todos los días, pero cuando hay está mal visto que se cometan errores por falta de glamour, sensibilidad y sentido común. Favor de seguir a pie juntillas estas sencillas instrucciones para no acabar en penosas desvergüenzas.

1. Por principio, revise meticulosamente su credencial de elector, no vaya a ser que usted resulte hijo de El Chapo y sería muy penoso que los sherifes de la Marina lo agarren al estilo americano. Si luego de una buena esculcada no hay nada extraño, de todas maneras llévese un lonche por si de todos modos lo apañan. Ya se sabe, de aquí a que se descubre el michoacanazo, mejor tener algo qué masticar.

2. Por favor, si lo es por alguna necesidad irrevocable, no tenga el mal gusto de ser un acarreado cualquiera. Exija comida de buena categoría, no se conforme con cualquier batidillo de esos que luego provocan la Venganza de Moctezuma. Que no lo lleven en esa clase de camiones macuarros que luego, luego hacen notar que usted es un acarreado de baja estofa. No, su voto, sobre todo porque es comprado, vale más que el de los demás que van por quién sabe qué oscuro prurito libertario. Así, exija que si lo van a llevar en andas, que sea cuando menos en una Hummer para no desmerecer. Y si le van a dar playeras, gorras y cualquier otro tipo de propaganda electoral con la efigie sonriente del candidato, que sea de diseñador y no de ahí del tianguis. Sobre todo los condones con los colores partidistas, que no sean de esos para los que no pueden, sino para los que se quieren más.

3. Si ya tiene tomada la decisión sobre quién o qué será el beneficiario de su voto, dude de ella. No vaya a ser que en el camino a la casilla lo apañen los mapaches al estilo americano para ofrecerle unas tarjetas Mamonex, y le cueste más trabajo abandonar las convicciones. No estaría mal resistirse un poco para que se note el sólido nivel de la fe, es importante conservar algo de prestigio para que no lo confundan con el presichente Fox.

4. Si ya tiene la certeza jurídica sobre el destino de su voto, bien hecho. Solo que cuando acuda a la casilla no lo haga de manera paranoica, pensando que entre el escrutador y el presidente están coludidos para armar el fraude electoral. Dude, cuestione y sospeche, pero no grite, no corra, no empuje, claro. Pero se ve mal que mire a esas personas con ojos desorbitados, como si fueran los asesinos de Colosio. Recuerde, no todos son mapaches ni orquestadores de la operación tamal. Aunque le hayan dicho que la ciudadanía es la protagonista de los comicios, tampoco hay que exagerar acusando a los representantes de los partidos de alquimistas electorales cada cinco minutos.

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