Proyecto sin fin

Votar no es participar, es legitimar al poder

Foto: CuartoscuroLa crisis mundial de credibilidad en los partidos políticos también afecta a las instituciones encargadas de organizar y garantizar la legitimidad de los procesos electorales. El objetivo de instituciones como el Instituto Federal Electoral radica en procurar que la disputa por el poder se lleve a cabo en el mejor marco de equidad posible. Esto no siempre se logra, pues así como el Poder Legislativo busca perfeccionar el marco legal, también existe la contraparte que se ocupa en buscar las formas de burlar las reglas, lo que con frecuencia consigue, ya que la ley está sujeta a la interpretación de las partes.

Desde que inició el largo proceso de la Reforma Política en 1977, el objetivo del Estado fue “cooptar a las minorías ideológicas”, lo que no significaba compartir el poder. Esta circunstancia se mantuvo hasta el año 2000 cuando el PRI fue desplazado del Poder Ejecutivo.

El proceso de la reforma política en México, y eso incluye la reforma electoral de 2007, no se propuso la participación política de los ciudadanos y si desean participar, lo deben hacer a través de los partidos políticos que operan como grupos cerrados que monopolizan los recursos financieros que les otorga el Estado y se reparten las oportunidades para disputar los puestos de elección popular. Esta es una de las quejas más sentidas por quienes critican y cuestionan a los partidos.
 
La Constitución establece que es un derecho de los mexicanos votar y ser votado pero, para ser votado sólo existe la vía de los partidos, según dictaminó la Suprema Corte de Justicia de la Nación. De manera que aquellos que desean ser votados pero no están afiliados a algún partido (o respaldados), están condenados a permanecer al margen, como espectadores o críticos de un sistema político que resulta estrecho para la generación actual, que no corresponde a la cultura política autoritaria que dio origen a las bases del sistema político en el remoto año de 1929.

La cultura política actual de los mexicanos está caracterizada por ser mayoritariamente urbana, con un nivel cultural en promedio nacional de seis años, con acceso a diversos medios de comunicación y por consecuencia entrar en contacto con otras sociedades y modelos políticos que, por contraste, marcan las diferencias con la sociedad mexicana de hoy. Como lo demostró la presencia de los grupos universitarios que se manifestaron en este el proceso electoral, mediante las redes sociales de la Internet, ante la estreches de los canales de participación autorizados en el COFIPE.

Siendo que el sistema político mexicano no está diseñado para que participen los ciudadanos, debe encontrar formulas que le den acceso a un discurso legitimador del ejercicio del poder y esa vía es el proceso electoral, por lo que al ser cuestionado por quienes anuncian la realización de un fraude electoral lo que hacen es cuestionar todo el mecanismo. La voluntad del pueblo se expresa con su voto en las urnas y el voto en las urnas es la única forma de participación que interesa a los políticos. 

En las actuales circunstancias, votar es legitimar a quien va a ejercer el poder. Esta es la realidad que heredamos y que no han logrado resolver las diversas reformas políticas, porque los usufructuarios de los partidos han cerrado las puertas a los ciudadanos que no se identifican con ellos como opción de participación y para acceder a los puestos de elección popular, que siguen entregando sólo a los incondicionales

Los partidos pueden operar porque todos los financiamos con nuestros impuestos, lo que significa que les pagamos para que nos marginen. Tenemos que seguir construyendo la democracia para pasar del votas y te vas a la participación política real. Así las cosas y hasta cuándo.

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