Proyecto sin fin

La Cruzada Contra el Hambre mal retorno al pasado

La cabecera municipal de Las Margaritas, dominada por el EZLN, en el estado de Chiapas, fue el lugar seleccionado para decir que es una vergüenza que en pleno siglo XXI haya hambre en México.

Los discursos en Las Margaritas  coincidieron en señalar que el hambre es un gran problema que la nación debe resolver pronto y con eficacia. El objetivo es que las familias en pobreza extrema accedan al bienestar básico, ya garantizado por la Constitución como derecho humano a comer, a no padecer hambre.

Lo que no se dijo es que el Estado mexicano ha fallado en resolver el problema y que este ha aumentado a partir de que las políticas neoliberales se impusieron en la visión del gobierno de mantener una política social que hiciera justicia a los grupos marginados del desarrollo, ahora llamados en pobreza extrema, a los que ya alcanzó el hambre.

Tampoco se dijo que en el tema de la atención a los grupos en pobreza extrema se han beneficiado económica y políticamente los  empresarios que presionaron por años para que desaparecieran empresas estatales ocupadas en abastecer con alimentos a precios bajos a los grupos populares del campo y la ciudad, como lo hizo el Grupo CONASUPO, que fue creado por el gobierno ante las insuficiencias del sector privado.

Si el Estado atendía la producción y el procesamiento de alimentos para ofrecerlos a bajo costo es porque en algunos rubros los empresarios no fueron capaces de producir los alimentos baratos que la población demanda para su sustento y tampoco han estado dispuestos a elevar los salarios de los trabajadores. En algunas ocasiones el Grupo CONASUPO creció porque el gobierno federal  compró a los empresarios las fábricas que previamente habían quebrado, es el caso de la participación que tuvo Conasupo en la producción de aceite, harina de maíz y  de galletas y pastas.

El modelo de atención a los grupos marginados estaba en marcha y era exitoso, pero la ambición empresarial lo condenó y los intereses y visión de la economía neoliberal que se impuso a partir del gobierno de Miguel de la Madrid, con el pretexto de la crisis financiera y la presión por “adelgazar” al Estado, terminó liquidando al brazo ejecutor de la política social que mantenía con empleo a millones de mexicanos del campo y la ciudad y que así podían llevar los alimentos a su mesa. Por eso es que en México siempre hubo pobres pero no había hambre.

Al desaparecer CONASUPO, la institución encargada de ofrecer empleo y alimentos a los pobres, el Estado se dispuso a instrumentar una política asistencialista a través de un programa que ha cambiado de nombre pero mantiene sus objetivos: en 1980 surgió el Sistema Alimentario Mexicano (SAM), en 1982 apareció el Programa Nacional de Alimentación; el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol) se puso en marcha en 1989; en 1995 se instauró el Programa de Educación, Salud y Alimentación (Progresa), que en 2001 se transformó en Oportunidades.

Hoy el gobierno de Peña Nieto nos presenta la Cruzada Nacional Contra el Hambre y en los objetivos que se proponen no hay novedad y si configuran el reconocimiento del fracaso del Estado en su política social a la cual durante décadas se le han entregado miles de millones de pesos que no han servido para elevar la calidad de vida de los grupos en pobreza a los cuales, con la renuncia del Estado a su responsabilidad social, llevó al hambre que ahora sólo quiere paliar.

La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut) 2012 informa que el problema de inseguridad alimentaria en México se presenta en diversos grados, 41 por ciento de mexicanos la padecen en forma leve, 17.7 de manera moderada y 10.5 por ciento –8.3 millones de familias– en forma severa.

Abelardo Ávila, investigador del Instituto Nacional de Nutrición Salvador Zubirán señala que con un modelo adecuado de atención a la nutrición y salud, durante tres décadas se hubiera podido evitar la muerte de un millón 300 mil niños y se estima que durante un año al menos 10 mil infantes morirán a causa de enfermedades asociadas con la desnutrición. 

Está claro que la política social del Gobierno federal ha sido asistencialista en los pasados 30 años y que sus beneficiarios han sido los políticos y los empresarios. Hoy como siempre los pobres están en el peor de los mundos. Es posible que muchos de los que padecen hambre no tengan un familiar emigrante. En veinte años más de quince millones de mexicanos se fueron a trabajar a Canadá o Estados Unidos desde donde envían las “remesas” para que subsistan sus familias. De no ser por ellos las estadísticas del hambre serían más dramáticas.

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