Por debajo de las piedras

Mariana Rodríguez del Toro heroína olvidada en el mes de la Patria

Los mexicanos consideramos el mes de septiembre como importante por ser la ocasión anual de refrendar la vigencia de nuestros símbolos patrios. Este tiempo se relaciona con la bandera mexicana, el himno nacional, los héroes de la independencia, el colorido en el que dominan el verde, blanco y rojo, presentes en la decoración festiva, la cita del pueblo en la plaza pública para escuchar y replicar el grito dado por el gobernante en turno, costumbre extendida a otras partes del mundo por los mexicanos radicados en el extranjero. La comida y bebida de nuestra cultura gastronómica se hace presente. Los cohetes y la música alegran las reuniones familiares y sociales.

El desfile de las fuerzas armadas y los contingentes de charros son parte del ritual festivo del 16 de septiembre. Miles de hombres, mujeres y niños disfrutan el paso de los soldados y se admiran ante el armamento que exhiben en las avenidas de las ciudades.

Las imágenes que están presentes son las de Hidalgo, Morelos, Guerrero, Abasolo, Josefa Ortíz y Aldama que son ser nombrados por el presidente de la república, el gobernador, el presidente municipal o el embajador que frente a la concurrencia dice el nombre y grita viva. Todos dicen “Vivan los héroes que nos dieron Patria” y este ritual se repite casi de manera igual cada año y cada vez se omite el nombre de otros héroes y heroínas que al no ser mencionados en el ritual queda la impresión de que los hemos olvidado.

No son menores las hazañas con las que ofrecieron su vida a cambio de la libertad que hoy disfrutamos. Comprometieron y entregaron todo sin pedir nada a cambio y por ello han sido honrados con la inscripción de su nombre en el Muro de Honor de la Cámara de Diputados, en el Palacio Legislativo.

En el extremo superior de la pared frontal, junto al techo y en enormes letras de bronce dorado se encuentra entre otros nombres, el de Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín que en el grito del ritual de la noche del 15 de septiembre del zócalo suele ser omitido, lo mismo que en la iconografía que adorna la plaza pública y está acción implica el olvido involuntario de sus hechos heroicos.

Mariana Rodríguez del Toro de Lazarín (1775 -  1821) fue una novohispana de ideología liberal que  simpatizó con la causa de la Independencia de México junto con su esposo Miguel Lazarín y Lazo de la Vega.

Fue la principal organizadora, en abril de 1811, de una conspiración en la ciudad de México para promover la independencia, en la mansión de su esposo, quién compartía la propiedad de la mina La Valenciana en Guanajuato. Mariana Rodríguez utilizaba la fortuna de su marido para realizar tertulias nocturnas en las que los invitados compartían sus ideales libertarios.

La noche del lunes de la Semana Santa de 1811, en plena tertulia en casa de la familia Lazarín Rodríguez, llegó la noticia de la detención del cura don Miguel Hidalgo y demás jefes insurgentes registrada en Acatita de Baján. Se escucharon las campanas de Catedral y una salva de artillería. Impactados, conocieron la noticia de la captura.

Cuando se enteraron de la derrota, concluyeron que el movimiento había sido aniquilado. Sin embargo Mariana Rodríguez del Toro, no estuvo de acuerdo con el pesimismo de sus acompañantes, expresó su opinión, propuso un plan radical y ante la consternación de los presentes, exclamó ¡hemos de aprehender al virrey y ahorcarlo!

¿Qué es esto, señores? ¿Qué? ¿Ya no hay hombres en América aparte de los generales que han caído prisioneros?
¿Pues, qué hacer? preguntaron los asistentes
¡Libertar a los prisioneros! propuso Mariana. 
¿Pero cómo?
De la manera más sencilla: ¡apoderarse del virrey en el paseo y ahorcarlo!
Así nació la conspiración del año 1811. Inició el plan  para detener al virrey Francisco Javier Venegas y conducirlo a la Suprema Junta Insurgente presidida por Ignacio López Rayón y proclamar la independencia. Mariana fue clave en la organización de la conspiración, en la parte militar.

El plan consistía en secuestrar al virrey para negociar la libertad de los insurgentes a cambio de la suya. Mariana convenció a dos oficiales del ejército realista acampado en el Paseo de Bucareli para que se coludieran. El virrey Venegas acudía a ese paseo cada tarde y el día convenido, a una señal, se proclamaría la independencia y se apoderarían del gobernante.

El conspirador, José María Gallardo, considerando que podía morir en el atentado, decidió asistir al templo a confesarse. Un sacerdote católico de apellido Camargo, violó el secreto de confesión y lo delató, éste a su vez, dijo el nombre de los que fraguaban el secuestro.

Mariana y su esposo Miguel fueron aprehendidos el 29 de abril de 1811. Permanecieron en prisión sujetos con grilletes. A pesar de haber sido encarcelada y amenazada, Mariana no delató a ningún miembro de su grupo. Fue hasta el 20 de diciembre de 1820, cuando fueron liberados. Para entonces su fortuna había sido confiscada por las autoridades y Mariana vivió en la pobreza hasta que en 1821 murió, no alcanzó a ver la independencia de México que en ese año fue consumada. Hoy sus méritos y sus sacrificios son poco conocidos. Su nombre está escrito en letras de oro en el Salón de Sesiones de la Cámara de Diputados.

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