Por debajo de las piedras

¿Quién mandó hacer el Castillo de Chapultepec?

Por los lujos con que vivían, por lo extraordinario de sus personalidades, por el fin de cada uno, ¡y por esa maldita afición a la realeza! Nos causan fascinación Maximiliano y Carlota.

Identificamos a estos dos personajes con el drama, más que con la usurpación; con lo estrujante de sus vidas, más que con el despojo que vinieron a practicar. Sabemos más de ellos que de Cuauhtémoc o Nezahualcóyotl: nos apura más, nos urge… Sin detenernos en que hayan arrinconado al gobierno de Juárez.

Queremos saber dónde es que dice que Maximiliano sobrevivió al cerro de Las Campanas, pues entonces cómo es que Juárez ante su cadáver expresó: “no pensé que fuera tan alto”. Queremos saber si es cierto que le faltaba una parte de mentón y por eso usaba tan abundante barba. Y, aunque nos inquieta que le haya puesto cuernos a nuestro paisano, cómo hubiéramos querido contemplarlo de conquista con la india bonita Concepción Sedano.    

 Admiramos (¡) su paso por Orizaba, los pasos de él por el Jardín Borda, los paseos de los dos camino a su castillo. Afirmamos, en fin, que este nidito fue mandado a hacer a su gusto.

Pues no. Ellos solamente remodelaron, como algunos otros que metieron mano a la emblemática edificación; eso sí, hermoseándola y con derroche decorador. El castillo de Chapultepec (http://mnh.inah.gob.mx/historia/historia.html) fue ordenado por Bernardo de Gálvez (virrey de 1785 a 1786), quien murió dejándolo muy avanzado, y con tal grandeza que sus enemigos lo acusaron de preparar más bien una fortificación para desconocer al rey, lo que alimenta la versión no confirmada de que sufrió envenenamiento. 79 años antes, pues, de que aquella pareja de güerejos viniera a nuestras tierras a hacerlas suyas como  pago por la deuda del gobierno mexicano. Es decir, que se pagaba con país la deuda. Igual que ahora, en el siglo XXI.

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