Mantén calma y...

Mantén calma y sigue mintiendo

Mantén calma

Fraude. Pongan en el buscador la palabra “fraude” y tendrán millones de resultados. Término que tanto se repite, que se ha deslavado su poder de connotación. Nadie se sorprende abriendo los ojos y tapándose la boca del impacto al enterarse de un fraude. Es más, la mayoría lo espera.

No hay que hacer una expo para darse cuenta de los fraudes que sufrimos y cometemos a diario. Está claro: nadie está libre de culpa.

Pero evitemos el cinismo que siempre brota tras saber que todos somos deshonestos o mentirosos. Terrible excusa para que el círculo de corrupción se perpetúe sin control.

Mentir es un grave problema. Enorme. Tan grande que hasta es pecado y aparece en el top ten por excelencia: los diez mandamientos. Pero no hay que ser judío o cristiano para saber que mentir deteriora a nuestra sociedad. Y cuando la deshonestidad llega a cierto nivel, nos podemos dar cuenta qué provoca tales magnitudes de corrupción que leemos, oímos y vemos a diario, no solo en las noticias sino a plena luz del día frente a todos.

Es crucial saber qué causa tal deshonestidad. Porque si queremos prevenirla, hay que conocer su origen.

Y no se trata simplemente de encontrar culpables y sentenciarlos. Lógico: lo mínimo es que el crimen de un fraude no quede impune. Pero el problema está en el sistema; arraigado en todos nosotros. Somos parte del fraude.

¿Por qué? Porque continúa. Si la deshonestidad se remediara haciendo rodar algunas cabezas y sentenciando algunos chivos expiatorios, se supone que dejaríamos de ser defraudados. No. Y ni siquiera es cíclico. Es sistemático.

Lo peor es que cuando somos parte del problema, nos pintamos otra realidad. Nos mentimos a nosotros también. Racionalizamos nuestra deshonestidad que sencillamente empujamos lo que no queremos ver a un lado, como si hacerlo desapareciera la mentira mágicamente. Y todos lo hacemos: cada uno de nosotros vive una realidad muy cómoda y a gusto tras mentirle al de junto y, éste a la vez, nos miente también y a otros, engarzándonos en una trama fraudulenta que parece que nunca se podrá desenredar.

Es satisfactorio ver a los grandes mentirosos en acción. Ser testigos del gran engaño, señalarlo y concluir que, al caer este enorme deshonesto, todos los problemas se irán. Otra mentira más. La crisis de una sociedad corrupta proviene de los pequeños mentirosos quienes, de poco en poco pero a cada instante cada uno de ellos, erosionan la integridad hasta dejarla en ruinas.

La motivación de mentir para obtener satisfacción instantánea, beneficiarse en el corto plazo es lo que nos ofusca en ver realmente que, a la larga, la mentira volverá a mordernos la cola. O la nariz de Pinocho.
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