Mantén calma y...

Mantén calma y sigue disléxico

Mantén calma

Según un estudio reciente, quienes padecen este trastorno no son menos inteligentes que los demás y tienen habilidades superiores en otras áreas.

Con este argumento pronto nos revelarán que los políticos son todos disléxicos y así justificar sus tropezones orales y escritos. Pero por encima, nos dirán que esa dificultad con las palabras es señal de genialidad, enumerando todos los supuestos disléxicos que han triunfado contra toda expectativa: Albert Einstein, Thomas Edison, Winston Churchill y hasta Tom Cruise o Salma Hayek.

¿En serio se vale equivocarse una y otra vez en las cosas más simples? ¿Se vale perdonarlos diciendo que fue un simple teclazo o dedazo en su Blackberry o una inocente confusión de apellidos entre dos clavadistas de medalla olímpica? ¿O concederles el perdón porque sencillamente no se acuerdan de los autores de libros favoritos ni de los títulos de los mismos, que supuestamente leen con especial interés?

No.

Enrique Peña Nieto, Josefina Vázquez Mota y Andrés Manuel López Obrador, Gabriel Quadri de la Torre entre muchos otros políticos de alto perfil, tienen equipos de expertos que están 24 horas al día, 7 días a la semana, todos los años (incluyendo los bisiestos) trabajando para ellos, por ellos, con ellos, ante ellos, bajo ellos. Supuestamente están bien asesorados, aconsejados, cobijados por un séquito de especialistas en este tipo de asuntos: desde hacer política tradicional como dar la mano a todo el mundo o sacarse la foto cargando un bebé, hasta usar las redes sociales con estrategias altamente efectivas.

Pero no.

O bien ellos mismos lo hacen y se equivocan o, lo hacen otros que no son expertos en estos asuntos.

En cualquier caso, mala decisión. Porque si son ellos los que andan tuiteando y posteando en internet, es evidente que no saben cómo resolver sus prioridades como líderes. Y en el otro lado del espectro, si confían que cualquiera hable por ellos en estos medios electrónicos y, no revisaron previamente su capacidad de escritura y de lectura, también es un error como jefe de un equipo de personas.

Lo peor: caen de nuevo y con la misma piedra. Un error, se vale. Dos, empiezan las sospechas. Tres veces, es enfermizo. Pero no en un sentido de que padecen de dislexia. Sufren un crónico trastorno de disortografía.

Y no hacen nada para curarse. Ni buscan remedios. Para nada veremos una película biográfica de su vida al estilo de “The King” donde el Rey Jorge VI hace lo inimaginable para superar su tartamudez.

Nuestros políticos son cínicos. Saben que si se equivocan un día, al siguiente su contrincante también lo hará y así, se van pasando la papa caliente del error. Saben de antemano que su evidente déficit intelectual no les hará mella en su carrera política.

¿Otro problema aún más grave que podemos diagnosticar viendo estos síntomas de su deficiencia en el aprendizaje? Seguramente también padecen de discalculia: dificultad con las matemáticas. Aunque en su caso no es un trastorno contraído de nacimiento por motivos genéticos. Tampoco por alguna lesión cerebral porque siempre han tenido mucho cabello y muy engominado o laqueado.

Esos síntomas de disaritmética que siempre terminan revelándose con malos presupuestos, malas inversiones y demás malas decisiones económicas, administrativas y financieras, siempre son por contagio. El infeccioso malestar de adquirir poder para jugar con las cuentas de los demás.
Mantén calma

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