Corte de Caja

¿Por qué nos causa tanto terror el PRI?

Foto: EFEAntes y con más ahínco después de la elección del 1 de julio un sentimiento apocalíptico se apoderó de quienes sólo estaban seguros de una cosa: no votar por Enrique Peña Nieto para Presidente de la República.

Tras los resultados que incluso en cómputos distritales pusieron arriba al candidato tricolor 7 puntos sobre Andrés Manuel López Obrador, su más cercano adversario, ese es un futuro que finalmente nos alcanzó, aunque para muchos signifique un retroceso no sólo de 12 años, cuando pisaron Los Pinos por última vez, sino de ¡más de 80!, remontándonos a los inicios del partido fundado por Plutarco Elías Calles como una fórmula para institucionalizar la transmisión del poder que  después de la Revolución se tomaba por la fuerza  entre los caudillos derivada de ella.

Pensar que con el arribo del PRI al gobierno federal se involuciona en el rubro democrático es menospreciarnos a nosotros mismos, como si la historia de las últimas décadas se borraran de facto para llevarnos a un escenario medieval lleno de infortunio sin tomar en cuenta el contexto en que se inserta esta nueva etapa política nacional. El PRI no llega al mismo país, ni siquiera al mismo mundo que dejó cuando se fue. Si viene con la idea de ejercer bajo un esquema absolutista, peor para él, pues evidenciará un anacronismo que pagará en las urnas tres y seis años después y habrá desaprovechado su última oportunidad para correr al parejo de un México moderno.

La desconfianza hacia ellos es del todo lógica y justificable, pero no al grado de sentir terror y rasgarnos las vestiduras ante posibilidades infinitas de dictaduras perfectas e imperios que contraatacan por el simple hecho de hacer caso omiso a nuestra realidad actual.

Sentir temor hacia ellos nos situaría en una posición de desconocer nuestro propio avance como ciudadanos, como quien se encuentra al bravucón del colegio 20 años después y sigue temblando al recordar el acoso, las burlas e incluso las palizas que pudo propinarle en su condición de gandul, sin importar que el ofendido en la infancia ahora tenga estudios universitarios y sea independiente y exitoso a nivel profesional y personal. Si fuera así, reflejaríamos una inmadurez intrínseca que nos colocaría en condición permanente de menores de edad.

Hoy no existe un Ernesto Uruchurtu en la capital del país impuesto como regente por obra y gracia del Presidente, sino una ciudad con un gobierno elegido por la gente e identificado plenamente con la izquierda; tenemos una economía abierta y engranada a la globalización mundial, que si bien tiene sus bemoles, nos trae beneficios que el proteccionismo estatal no dejó nunca; el Congreso no esta controlado por el partido en el poder, lo que implica el consenso y el freno hacia a la tentación del fast track; contamos con una oposición que más que derrotada se perfila como un fuerte contrapeso a un posible despotismo; la información no esta controlada por una sola entidad (aunque se pregone lo contrario), pues el Internet con sus redes sociales le abren las puertas a una sociedad participativa, una juventud inquieta y despierta y evita el oscurantismo de las ideas, desenmascara abusos, denuncia excesos y ridiculiza hasta al más prócer de esta nación.

De los íconos intocables por prensa y sociedad en el siglo pasado, sólo la Virgen de Guadalupe mantiene ese privilegio, pues al Presidente se le critica incluso en medios concesionados por el Estado y el Ejército ha tenido que rendir cuentas que antes eran inimaginables.

Decir que el retorno del Partido Revolucionario Institucional es algo absurdo, sin sentido y retrógrada sin situarnos en nuestro actual contexto es avalar la simpleza retórica de tomar por bueno y cierto lo que parece evidente, lo que suponemos que pasó y que por ende pasará. Es lo que Gastón Bachelard denominó como la “endósmosis abusiva de lo asertórico en lo apodíctico, de la memoria en la razón”, lo cual obstaculiza el descubrimiento de la verdad y la toma de decisiones correctas. No vale la pena vivir en un terror innecesario causado a priori y peor, por nosotros mismos. Y menos frente al PRI.

Foto: APLo que AMLO quiso decir

"Sé que muchos están necesitados, así que acepten los bloques, materiales de construcción, tinacos, láminas, pavos, cochinos, puercos, tarjetas de teléfonos, pero quédense callados... pero luego a la mera hora el voto es libre y secreto... al final díganles ‘tengan para que aprendan'”. Esas fueron las palabras de AMLO el 18 de junio cuando ‘dio permiso’ a fieles y no tan fieles de disfrutar de los beneficios de las campañas. Lo que no imaginaba fue que el cochupo vendría en miles de vales de despensa (lo cual hace necesario que tome un curso de actualización intensiva en métodos de cooptación de voluntades) y mucho menos que ese dichoso voto libre podría no ser precisamente para él. Eso le pasa por no ser preciso y andarse por las ramas y no decir simple y llanamente que la autorización iba para las dádivas, pero nunca para el sufragio. Lo que hay que agradecerle es que se conduzca con un ciclo natural que ahora en 2012 nos permite tomar previsiones ante sus futuros actos. Ya hubo inconformidad, pataleo, acusaciones al IFE, más pataleo y demanda de voto x voto y casilla x casilla; viene la impugnación, el desconocimiento, mucho más pataleo y sin bien nos va, meses de divertidas exploraciones de rutas inhóspitas para evitar bloqueos viales y marchas, una presidencia legítima ‘reloaded’ y por supuesto, muchísimo más pataleo.

Foto: CuartoscuroY en Tabasco ganó de nuevo el PRI…

…pero no se lo digan  a nadie. La idea es hacernos creer que por fin, después de años de batallas tropicales, la izquierda por fin acabó con el cacicazgo gracias a su poder de conversión y convencimiento de infieles para que tomen la senda del señor, del señor López Obrador. Luego de una purificación y 82 años de gobiernos priistas, Arturo Núñez puso al PRD (que no al revés) al frente de ese estado del sureste, enseñándonos que para progresar en la política de este país, más que ser, hay que parecer. Y él tiene lo necesario para parecer un perredista, acusando con dedo inquisidor y flamígero las viejas prácticas que el partido de sus desamores realizó en la elección presidencial. Sólo le faltó decir: “si lo sabré yo, que tanto las toleré, solapé y ejercí”. Sin duda el triunfo de este camaleónico personaje, junto con el escaño que se apañará Manuel Barttlet en el Senado aún cuando perdió en Puebla, nos deja la gran lección de que en esto de las candidaturas triunfantes, lo mejor es nacionalizarse (como lo hacen los futbolistas) o afiliarse a otro grupo donde nuestras dotes nos hagan ver como una estrella, siempre y cuando las mismas nos pongan en la escala más inferior del lugar de origen, siguiendo el principio de “en tierra de ciegos, el tuerto es rey”.

Foto: EFEEste bebé ya se fue a París

Después del trabajo hecho para desbaratar su casa y evitar a toda costa que su partido permaneciera en Los Pinos, cual adolescente en fuga tras la sorpresa de una paternidad inesperada, Vicente Fox puso pies en polvorosa y se fue a París a celebrar sus 70 años. Bueno, allá lo llevó Martha Sahagún. Para hacerlo más teatral sólo le faltó bautizar el avión en que partió con el nombre de Ipiranga y solicitar un espacio en Montparnasse para cuando el día fatal le rinda cita. Y todavía lo quieren expulsar del PAN, como si alguna vez hubiera estado. Lo rescatable del asunto es que por fin los blanquiazules tendrán un innombrable de manufactura propia, para espantar a los niños que no estudian ni comen bien. Y es que lo panistas por fin se quitaron la presión de encima, regresando a la oposición que tan bien les sale y les permitirá practicar la ‘concertacesión’ nuestra de cada día, además de vender caro su amor entre el PRI y el PRD en la Cámara. Por eso Josefina Vázquez Mota fue la primera en reconocer que los resultados de la elección no le favorecían. Era algo que quería hacer desde aquel Estadio Azul semivacío y ahora vuela libre como gavio…, ejemm, como paloma en busca de nuevos horizontes y futuros promisorios. Si es que para entonces no han terminado de despedazar al PAN.

Foto: ReutersDisfrútenla, mientras pueden

La próxima familia presidencial ya se encamina a Los Pinos y con ella las delicias de comportamientos adolescentes que tanto solaz nos causaron los inolvidables Beverly Fox. Hay que reconocerles su capacidad para echarse encima a toda una ‘prole’ incluso antes de que fueran las elecciones. Ninguno de los hijos de los entonces presidentes de México logró tal récord en tan poco tiempo. Y aún falta lo mejor (depende claro, con qué cristal cínico se vea). Por su parte, Enrique Peña Nieto ya se instala en un silla que aún no toca, presume las llamadas que le hicieran los distintos mandatarios del mundo para felicitarlo y reparte entrevistas y sonrisas con pose de Presidente (obviamente) sin saber que tal vez el gusto le duré no poco, poquísimo. Y no nos referimos al ruido que puedan causarle los #YoSoy132 o todas las impugnaciones de AMLO en pos de jalarle ese asiento. Lo que pasa es que si las profecías mayas se cumplen, una vez que tome posesión le restarían únicamente ¡20 días! para gobernar, lo cual hará que más de uno (unos 14 millones más o menos) esperen con ansias la destrucción del mundo para en lugar de huir para su pueblo se instalen frente a la residencia oficial y digan al unísono un fuerte, entonado y sonoro “¡JAJA!”. A estas alturas, ya todo puede pasar. 

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