Corte de Caja

La diputada que hizo un acto insólito en la Cámara

Foto: Cuartoscuro
No llevan ni dos meses con el hueso en la mano y ya han dado más de qué hablar entre muchas de las legislaturas que los han precedido. Sin duda está es una generación que se quedará inscrita en letras de oro en los anales de la historia parlamentaria por el sacrificio que hacen para que un día sí y otro también brinden momentos de continuo esparcimiento a la gente que se supone deben representar.

Si por lo general no velan por los intereses de quienes votamos por ellos, por lo menos que no cejen en sus intenciones de que no decaiga el ánimo entre la concurrencia, con insólitos actos que ahora sí le sacan jugo al Canal del Congreso como una gran barra de entretenimiento cómico-mágico-musical.

Sabemos que entre las cosas insólitas está sin duda el mero hecho de que asistan al recinto de San Lázaro o la nueve sede del Senado ubicada estratégicamente para desquiciar con nudos de tráfico surrealistas a los únicos habitantes del DF que no se habían vuelto locos.

Por eso, estimado lector, cuando con el paso de los años las canas, achaques y añoranzas lo tomen cautivo y le pidan la llave de su ropero, siempre puede sentirse afortunado por la simple y sencilla razón de haber sido testigo de los actos heroicos de diputados como Martí Batres, quien se quiebra la cabeza y masacra puertas con ella al ir pensando en beneficio de la gente.

Usted podrá contar a sus descendientes que alguna vez, en una curul muy muy lejana se sentó una senadora como Layda Sansores, que la hacía de faquir y no comía más de tres veces al día para aprovechar lo más posible el tiempo; incluso, se rumora que hasta portaba pañal para no acudir al baño en los momentos cruciales de intensas discusiones. Que alguna vez se le haya abierto un juego en su iPad y por instinto jugara unos cuantos momentos fue mera casualidad y culpa del maldito espionaje en su contra.

Por supuesto, orgullo sentirá cuando a su mente acudan escenas de legisladoras como Mayra Karina Robles, la misma que ocupaba su curul de manera poco ortodoxa y que tan famosa se volvió cuando una foto la inmortalizó.

O bien, sus ojos se llenarán de lágrimas cuando razone que fue testigo del ímpetu que tomaba presas a senadoras como Mariana Gómez del Campo, que en plena edad de la punzada generaba ardientes situaciones sólo vistas en los chicos de secundaria, donde la hormona traiciona, provoca y sofoca al organismo para hacerlo caer en las garras de Dionisio y acabar probando la resistencia de las prendas a puro jaloneo, mientras se hace una revisión profunda de piezas dentales y papilas gustativas. Eso sí, todo sin salir del lugar de trabajo, que ante todo había que ser responsable y para eso le pagaban.

Pero quizás lo que más recordará es haber vivido y visto el caso insólito de la única diputada que, al menos por una ocasión, fue captada sin estar comiendo cacahuates, prescindiendo del retoque de maquillaje, sentada de manera ya no digamos elegante, sino llanamente normal en su lugar asignado y (prepárese habitante del futuro que al leer esto un espasmo sorpresivo lo tumbará de su silla levitante) ¡con un libro en la mano! Y sí, abierto.

Seguramente los historiadores dedicarán décadas para saber si María Guadalupe Velázquez en verdad lo leyó, más tratándose de un título dedicado a la juventud mexicana. Como puede constatar usted mismo en la imagen que corona este texto, quizás nunca sabremos si detrás de esas páginas se hallaba un ejemplar de El Mil Chistes, TVNotas o Lágrimas y Risas, que también sirven como documentación de problemática social y psicológica.

Pero sólo el acto de tenerlo en las manos y no derretirse en el intento como vampiro a la luz del día, ya es algo que le dio la vuelta al mundo y que durará por los siglos de los siglos. Porque quizás nunca vuelva a repetirse. Y a usted, suertudote, le tocó mirarlo.

Imagen publicada por La Jornada en 1995 / Javier Lozano, CuartoscuroUna 'Roqueseñal patito'

Algo deslavado, sin punch, con falta de movimiento cadencioso y en general insípido. Así se quedó el intento de Javier Lozano para superar y desplazar de la mente de los mexicanos la famosa ‘Roqueseñal’, esa pose cuyo origen se remonta a 1995 al momento de aprobarse el aumento del IVA del 10 al 15%, como una manera de afrontar la crisis económica que un día apareció en plena época navideña y que nos hizo saber que a veces el coraje en el estómago sí logra que se esfume, al menos por un rato, la angustia en la garganta.  Esa seña que quiso imitar Lozano significa en el argot e inconsciente nacional el momento de victoria pírrica que nos llena de placer, con una sensación única y generalmente malsana de saber que se ganó, haiga sido como haiga sido, aunque invariablemente termina inclinando hacia adelante al más vulnerable. Y ni las manos puede meter. El festejo de Javier Lozano carece más que nada de sustento, pues la alegría generada fue por haber logrado en la Cámara Alta que se incluyera la transparencia sindical en la Reforma laboral y se regresará a San Lázaro para ser discutida de nuevo. Es decir, para que se trabe ahí por tiempo indeterminado. Aunque tampoco sería extraño que fuera esto último el motivo del festejo. Al final de cuentas, su trabajo suele ser que las cosas no sucedan. Y en efecto no están sucediendo.

Foto: CuartoscuroKing, Suprema y doble aderezada

Tal vez no sean la última Coca-Cola en el desierto, pero sí unos personajes para los que sólo sus chicharrones truenan. La reelección ¿inesperada? de Elba Esther Gordillo en el SNTE y Carlos Romero Deschamps en el gremio de los petroleros nos renueva la fe en un sistema que pensábamos ya había dado lo mejor de sí y por eso había que cambiarlo por el de la democracia en serio.  Por fortuna aún le quedan kilómetros y todo por la gracia divina del creador, del creador de dinosaurios perpetuos (que no diré su nombre aunque se pronuncia Charlie) que desde la década de los 80 sentó las bases para el asentamiento hasta el infinito y más allá de líderes charros, sólo superados por el ilustre Fidel Velázquez a quien sólo la muerte pudo remover, y aún así bastante trabajo y tiempo le costó. Los derroches y extravagancias de los supremos reyes de México son apenas una ínfima parte de los que nos espera. Aún queda un buen trecho para que tengamos que mirar sus conferencias con subtítulos y más aún para ver un presidente que le haga frente. El retorno del PRIcámbrico no podía estar completo sin ellos. Tenerlos en Los Pinos y no en los sindicatos habría sido una anomalía de tiempo y espacio que hubiera traído consecuencias catastróficas . Gracias al cielo que tendremos a estos carismáticos representantes laborales hasta que llegue el fin del mundo. O hasta que el botox nos alcance. Lo que suceda primero.

Foto: El UniversalEl ataque de las víboras prietas

Se le ve, se le nota. Al Presidente Felipe Calderón ya le anda por irse y mejor aún, sabe que ya se va. Por eso anda en un plan campechano (no es que no lo haya sido antes, pero ahora anda con rienda suelta) y toma por el lado amable la aparición de víboras prietas que en plan de complot, que no compló, le sabotean los eventos. Sin tapujos rememora aquellos tiempos que ya no volverán y que tantos calificativos le trajeron por parte de López Obrador. Y es que Peña Nieto le quitó toda su atención. Él y la creación del partido familiar que trae en puerta el ex candidato para mantenerse vigente (y sobre todo, solvente) por los próximos seis años. Por supuesto que hay prioridades, por eso a AMLO se le olvidó el pequeño detalle de pronunciarse en contra de la Reforma Laboral y lo recordó sólo hasta que la propuesta ya estaba en el Senado. No cabe duda de que han sido tantos años escuchando sobre discursos sin eses al final que por eso hasta Calderón recuerda los bellos momentos que nos ha dejado el artífice de las presidencias legítimas (que por cierto no ha anunciado cuándo, ni a quién le pasará la banda). Aunque ya sabíamos que esa sería vitalicia. No se ve a alguien que quiera peleársela.

Foto EspecialBienvenidos al México Mágico

No sabemos por qué la Secretaría de Turismo anda asignando títulos de ‘pueblo mágico’ a lo largo y ancho del país. Se trata de un asunto totalmente innecesario cuando todos sabemos que el país completo está lleno de magia y colmado de situaciones absurdas que hacen palidecer a la mismísima Hogwarts School of Witchcraft and Wizardry. Y es que aquí hay algo que en ninguna otra parte del mundo existe: mexicanos. Sólo aquí un particular puede obtener por parte del gobierno federal los teléfonos celulares de la vocera y el jefe de la oficina de la Presidencia de la República y no repartir el número de menos a unas 100 millones de personas para preguntarles si su refrigerador está andando para que vayan a alcanzarlo o ya de perdida para lanzar saludos al Cisen al más puro estilo de Josefina Vázquez Mota. Pero es que somos díscolos como nadie. Por eso ni extraña que los autores del fraude del siglo en el Melate, que grabaron el concurso  y compraron los números que habían salido, estén reclamando su premio con todo el derecho que les da tener el boleto ganador. Que timaron a medio mundo no importa, lo que vale es ser legal en las mulas de su compadre, que en este caso seríamos usted y yo, para no variar. Porque sólo aquí se vive la fantasía de hacer posible lo imposible. Pero no lo sabemos apreciar.

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