Corte de Caja

El mayor pecado de la próxima primera dama

A una semana de que el imperio contraataque en un país con una población dividida incluso más que hace seis años (aunque usted no lo crea), el enojo, la impotencia y el pesimismo de unos se mezclan con el optimismo, el triunfalismo y la nostalgia de otros, ante la inminente llegada a Los Pinos de una versión del PRI que entre más cerca se encuentra, más nos recuerda a la anterior.

En medio de esa vorágine de sentimientos encontrados, el presidente electo sigue siendo blanco favorito del escarnio y el sarcasmo sobre su personalidad y orígenes, catarsis que históricamente resulta normal ante la llegada de un nuevo preciso, con una población que se burla de lo que nadie en el mundo, aún sabiendo que con eso nada cambia.

Dicho fenómeno solía darse a la inversa con las esposas de los mandatarios, en una lógica de no darse a conocer hasta que estaban en la plenitud del poder de sus maridos, con lo cual era hasta el transcurso del sexenio o incluso años después cuando nos enterábamos de detallitos que iban de lo sublime a lo ridículo en materia de excentricidades o por el contrario, de acciones loables dignas de reconocerse.

María Izaguirre, esposa de Adolfo Ruiz Cortines habría sido una constante promotora del voto de la mujer; mientras a Eva Sámano le tocó aguantar como roble  y como ‘dictaban’ los cánones de la época los rumores de infidelidades de otro Adolfo pero de apellidos López Mateos; lo mismo que Guadalupe Borja con Gustavo Díaz Ordaz, aunque Irma Serrano (La Tigresa) no ayudaba demasiado.

De María Esther Zuno, cónyuge de Luis Echeverría, las anécdotas van desde su afición por los trajes típicos, su tradición por servir aguas de horchata y jamaica en las recepciones oficiales, hasta su costumbre de siempre tender la cama donde pernoctó, incluso si se encontraba de visita en el Palacio de Buckinham, mientras la servidumbre del lugar no salía de su asombro.

Carmen Romano, esposa de José López Portillo es quizá la más presente en el inconsciente colectivo por convertirse en la ‘reina del nepotismo’, formar una orquesta filarmónica que le interpretara temas de Mocedades o pedir paletas de guanábana estando en París… y se las llevaban, aunque fuera en avión especial. Marta Sahagún puede que le compita por el simple hecho de compartir de lleno el mando presidencial y el tráfico de influencias hacia sus querubines; aunque recordar es vivir, sus hechos son tan recientes que no es necesario traerlos de vuelta.

Curiosamente, para la próxima primera dama, el efecto de crítica y encono se ha dado completamente a la inversa: aún no cruza el umbral de las coníferas y ya es objeto de burlas, chistes y un odio concentrado que parece el acumulado de todas las anteriores.

Portada de la revista ¡Hola! edición noviembre de 2012Al parecer, a Angélica Rivera le ha tocado el papel más difícil de todos los que haya interpretado en su vida, y precisamente, parece que ese es el principal pecado que la gente que no la quiere (igual de grande a la que la adora, porque sí la hay y mucha) no le perdona. El hecho de que haya sido una actriz de televisión -porque hace más de dos años que ya no lo es- despierta al personaje antagonista que se convierte en la vox populi y reclama estudios superiores que nunca antes se exigió a una primera dama, por el simple hecho de que esa posición es fortuita y viene en el combo de cada presidente.

Tampoco vamos a negar que esa tirria que despierta en bastantes viene del hecho de que se casó con el hombre que se sabía presidenciable por parte de PRI con un timing digno de Prime Time, aunado a que trabajaba en Televisa, no se cansó de salir en revistas del corazón y que de alguna forma su imagen ayudó a mantener a Peña Nieto en los reflectores. Puede que en realidad se trate de la historia de amor de una pareja consciente de la avalancha que se le vendría encima y donde ella, aún sabiendo eso, se aventó al ruedo cuando otra se hubiera echado para atrás con el primer improperio (el magnate de los medios Ted Turner nunca fue candidato presidencial en EEUU porque su entonces esposa, la actriz Jane Fonda, se negó a ser primera dama).

Los mexicanos amamos el drama y como tal esperamos una telenovela con el primer desliz de Angélica Rivera para crucificarla. Rogamos que algún día nos suelte un “Si no los humillo por pobres, sino por simples”, al mejor estilo de Catalina Creel. Pero quizás sea mejor aguardar sentados, porque hasta ahora su discreción y buen comportamiento han sido constantes y su mejor arma. Ella sabe cuál es su ‘pecado’ y por eso hasta ahora está ahí, presente y nada más, sin mayores opiniones o comentarios que le dirijan un reflector. Y eso se agradece, porque ya estamos muy ciscados.

¿Sabrá ganarse el corazón de México como Margarita Zavala? Ya nos lo dirá la revista ¡Hola! en seis años. Después de todo, ahí se concentra el auténtico sentir nacional. ¿O el suyo no?

Foto: CuartoscuroRechinando de limpio

La Morena candente de Andrés Manuel López Obrador va que vuela para convertirse en un partido más que viva de recursos públicos sabiamente administrados por él mismo, claro está. Según sus palabras, aquí no habrá vicios ni lugar para “fantoches, políticos holgazanes ni súbditos o achichincles”. Tampoco habrá cabida para el “individualismo, oportunismo, nepotismo, amiguismo, influyentismo, sectarismo, clientelismo, ninguna de esas lacras de la política”. Y vaya que va en serio, por eso en primera fila vimos a un Porfirio Muñoz Ledo, cuyo método chapulín no representa para nada el individualismo. También estuvo Martín Esparza, a quien eso del clientelismo le quedó chico cuando coqueteó con Peña Nieto. Por supuesto, para nada significa amiguismo el hecho de que ahí estuvieran Clara Brugada, Manuel Bartlett o Claudia Sheinbaum. Layda Sansores estuvo presente, atenta porque perdió su iPad, mientras Alejandro Encinas ya fue nombrado delegado en Morena pero aún no renuncia al PRD, porque la dieta es la dieta y más vale pájaro en mano que un ciento de chachalacas volando. Pero no se confunda, porque todo esto es en nombre del amor y aquí se perdona todo, siempre y cuando se esté en la senda del señor, del señor López Obrador, a quien sólo le faltó parafrasear a Pompín Iglesias y decir “¡Qué bonita familia, qué bonita familia”.

Foto: Reuters“Ahí viene Pedro Infante, que cante, que cante”

No cabe duda que el presidente Felipe Calderón ya goza de la calma chicha al saber que sólo faltan unos días para que otro se haga bolas con el pequeño tiradero que se queda después del living la vida loca. Por eso a la menor provocación entona desentonado canciones en plenos actos oficiales, en los tiempos que le dejan libres sus múltiples chistoretes y cavilaciones por ver a qué más le cambia el nombre. Y es que es el colmo que los únicos que no supiéramos que “México es México y nada más” fuéramos nosotros. No se da cuenta que con eso nos quita el único pretexto para decir que también, quieran o no quieran, somos estadounidenses, algo genéricos, pero Estados Unidos al fin. Pero la razón le cabe, pues en efecto, el país que deja no es el mismo que conocíamos, “más allá de los errores y aciertos que tiene toda obra humana”. Es decir, que un error lo comete cualquiera, aunque en mi pueblo le llamemos Genaro García Luna, un desliz en el cálculo que mantuvo inamovible y que sólo la eliminación de su secretaría lo sacó del juego para el próximo sexenio. Aunque nos late que es de los que siempre caen parados y en una de esas nos sorprende como nuevo director del IMCINE. Pero como esto no se acaba hasta que se acaba, ¡Ahí viene Calderón, que cante que cante!

Foto: Cuartoscuro“Otro como usted, ¿pus dionde?”

Más vale que vaya haciendo fila para disculparse de la manera más sincera y humilde con ese prócer de las buenas prácticas gubernamentales que es Humberto Moreira, ahora que con un video ‘demostró’ que en eso de la megadeuda de 30 mil millones de pesos la víctima fue él. Malpensados e injustos que fuimos todos al pensar que estaba detrás de todo. Las prueba más contundente estaba a la vista y no la quisimos ver. Y es que alguien que puede bailar así no puede ser tan malo. Lo cierto es que en México eso de las megaproducciones cada vez no sale mejor y serían casi perfectas si no fuera por esa tendencia de hacer del melodrama ranchero el leitmotiv de todos nuestros guiones. Todo iba bien hasta que Sergio Fuentes, ex administrador general de Políticas Públicas del Servicio de Administración Tributaria del Estado de Coahuila (SATEC) le pidió perdón haciendo guiños a la cámara y soltando “usted es un ser humano que no merecía que le hicieran esto. Yo le pido perdón antes de cualquier cosa, de verdad, con todo mi corazón, señor, se lo pido, no lo merezco”. Como que el método Stanislavski no se le da bien. Eso sin tomar en cuenta que la Auditoria Superior del Estado (ASE) desmiente lo dicho por Moreira en los últimos días e indica que entre 2008 y 2010 Coahuila contrató créditos por 28 mil 184 millones de pesos, de los cuales 20 mil 778 se obtuvieron sólo en 2010, último año de su gubernatura. Como que les falta meterse más en el personaje.

Foto: CuartoscuroJuras y te vas… si puedes entrar

Después de lo vivido hace seis años con la toma de posesión, lo que nos tiene en ascuas es saber si Enrique Peña Nieto podrá entrar por la puerta grande a San Lázaro o tendrá que hacer uso del método de la teletransportación como lo hiciera Calderón. Negociaciones y acuerdos se han tomado entre las fuerzas parlamentarias donde Don Beltrone está jugando un papel decisivo y todo parece indicar que lo más que dejarán hacer a EPN es entonar ‘Band On the Run’. Es decir, que tome la banda y vaya a hacer su fiesta a Palacio Nacional. No se dan cuenta que después de la última ceremonia de ese tipo no hay vuelta atrás y por el contrario, el momento debe ser apoteósico y digno de un rock star. Por lo mismo, lo que más le convendría a Peña Nieto es aventarse a la multitud para que lo fueran pasando de la calle hasta la tribuna, preste juramento y de regreso. O entrar como Bono, abriéndose paso entre la multitud con todo el Estado Mayor Presidencial soltando codazos a diputados irreverentes. Claro que nada nos garantiza que no llegará por lo menos un poco despeinado y con alguna rasgadura en su traje de diseñador, pero es el precio que debe de pagar alguien de su calibre. Que tome en cuenta que todo se lo debe a su público y como tal exigimos que supere lo que hemos visto hasta ahora. No es tan difícil, después de todo, las pautas de la irreverencia y antisolemnidad las puso Vicente Fox, ni modo que no pueda superarlo. Ya de perdida que entre bailando el Gangnam Style, al fin y al cabo el peinado es más o menos igual.

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