Caldero electoral

El mes más largo para los mexicanos

Foto: EFEParece que pasó un año, pero han sido sólo 31 días. Quizás sea la euforia de los Juegos Olímpicos, la temporada vacacional o el hartazgo que significó para muchos tres meses de bombardeo mediático. Tal vez sea todo lo anterior, pero a un mes de suscitarse la elección presidencial en México, pocos parecen recordarlo.

Las últimas semanas después de los comicios de 2012 no bajaron la intensidad de información con respecto a ese proceso electoral, pero sí el interés de los mexicanos que vieron cómo seis años después la historia se repitió al generarse la inconformidad del candidato que no ganó la elección de acuerdo a los resultados oficiales.

En este tiempo, que no es mucho, pero por la cantidad de cosas que han pasado se sintió largo y pesado, los protagonistas han tomado diversos rumbos y existen dos que incluso desaparecieron del mapa, dejando el espacio para una batalla que se avizora interminable entre Enrique Peña Nieto, candidato del PRI y virtual presidente electo y Andrés Manuel López Obrador, candidato del bloque de izquierda.

Dicha pelea se ha reducido a una sola cosa: la petición de AMLO y sus seguidores para que se invalide la elección y se instale una presidencia interina que convoque a un nuevo proceso, argumentando la compra de votos por parte del partido que estuvo más de 70 años en el poder y ahora estaría regresando.

Foto: ReutersLas acusaciones de los partidos de izquierda han ido desde el uso de tarjetas de puntos para compras en la cadena de supermercados Soriana, mismas que habrían sido otorgadas a millones de votantes a cambio de sufragar a favor de Peña Nieto; hasta sospechas por lavado de dinero por transacciones bancarias con una institución llamada Monex. A diferencia de hace seis años, López Obrador no ha realizado grandes movilizaciones y en cambio se ha aventurado en un recorrido por todo el país para informar sobre el caso y recabar pruebas.

Peña Nieto y el PRI se manejan en la línea de que al final le darán constancia como presidente electo y ya trabaja con el actual gobierno en una transición de poderes, apoyado en el reconocimiento de mandatarios de más de una treintena de países y en la percepción que se tiene en el entorno internacional de que esto es un proceso zanjado y más que comentar si son factibles o no los requerimientos de López Obrador sobre invalidar la elección, se preguntan cómo será el gobierno del priista que no obtuvo una mayoría absoluta en las votaciones (sólo poco más de un tercio) y que asumiría con una oposición mayoritaria en el Congreso y un movimiento social en contra protagonizado por jóvenes.

Así lo describe  el periodista Antonio Navalón en un artículo de opinión publicado por el diario español El País:

“No solo hay que ganar además hay que saber y poder gobernar. Peña Nieto tiene el gran desafío de que sentarse en la Silla del Águila no sea a costa de los pocos elementos de fe pública que hay en el sistema y en las instituciones del país.

Los gobiernos
(del mundo) que han surgido de las distintas elecciones desde 2008 nacen condenados al desencanto porque nadie es capaz de solucionar lo que se necesita atacar de fondo: la crisis económica”.

A estas alturas la pregunta ya no es por qué razón sociológica y psicológica los mexicanos decidieron tomar la opción del partido que hace 12 años salió del gobierno entre festejos y un ánimo de optimismo y esperanza. Dado el paso, la cuestión se enfoca en qué hará el PRI en su regreso para acabar con el desencanto de los gobiernos panistas. Y más importante, cómo piensa hacerlo.

Mientras tanto, la izquierda y los #YoSoy132 se centrarán en hacer ver, a México y el mundo, que este capítulo aún no se ha cerrado, al menos hasta el 6 de septiembre, cuando el Tribunal Federal Electoral determine si Peña Nieto será o no presidente electo. Gracias a esto, puede que este sea un mes aún más largo.

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