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Graban un ataque de Boa constrictor a un mono

Crédito de la imagen: Erika Patrícia Quintino / American Journal of Primatology, via Paul Garber

En todas las disciplinas humanas, las imágenes son muy poderosas. Y entre las ciencias, quizá en Biología sean más importantes que en ninguna otra. Por eso una foto y un vídeo como a los que acompaña este texto son realmente impactantes. En ellos se puede ver a una boa constrictor (Boa constrictor subsp. constrictor) comiéndose a un mono, en concreto a una hembra de mono aullador rojo de Juruá (Alouatta puruensis).

En el metraje se puede ver cómo la serpiente, que ya ha atrapado y matado al mono, se la empieza a comer empezando por la cabeza. Poco después se ve cómo la silueta del mono se marca en el estómago del reptil.

Lo más interesante de este vídeo es que, hasta ahora, se pensaba que los primates no sufrían presión por depredación. Es decir, que en la naturaleza existen pocos animales capaces de cazar a un primate, y que por lo tanto este factor no había que tenerlo en cuenta al estudiar o conservar la especie.

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Y había buenos motivos para ello. Por una parte, tanto las características físicas de los primates como su organización social hacen que no sean presas fáciles de cazar. La vista de los simios es, en general, muy buena y excepcionalmente adapta a su entorno. De manera que les resulta fácil localizar posibles enemigos y evitar el peligro.

Pero lo que más protege a estos animales es el número. Cuando se reúnen en grupos, son capaces de realizar lo que se conoce como “detección coordinada de depredadores”. En esencia, se trata de que entre varios animales se puede controlar mucho mejor el territorio de lo que lo puede hacer uno sólo. Es decir, hacen bueno el refrán de “muchos ojos ven más que dos”.

A todo esto se suma el hecho de que, hasta ahora, nunca se había podido constatar un episodio así. Jamás se había podido ver, mucho menos grabar, a una serpiente cazando a un simio. Claro, que una vez visto el vídeo los científicos responsables han podido dar una explicación muy simple: la presencia de seres humanos impedía que esta caza tuviese lugar. Si ya es complicado para un depredador conseguir acechar y atrapar a un simio, mucho más si hay humanos alrededor.

Por cómo tuvieron lugar los hechos, se tiene una idea bastante clara de la estrategia que utilizan los depredadores para atacar a presas tan esquivas. Se dedican a acechar, como lo harían con cualquier otro animal, pero en este caso esperan a que un individuo se quede aislado, y en ese momento atacan.

Esto es lo que le ocurrió a la hembra del vídeo. Iba acompañada de otra de mayor tamaño y edad, cuando se quedó retrasada. Ahí fue donde la serpiente atacó, y tranquilamente la estranguló durante casi 76 minutos. La compañera de mayor tamaño se acercó y golpeó al atacante, pero sin muchas energías ni convicción, y tras esto se marchó tranquilamente.

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Y ese puede ser también un factor importante. La falta de respuesta de ayuda a un compañero herido o atrapado da más facilidades al depredador para atacar. Al ser el primer caso del que se tiene registro, no se pueden sacar conclusiones muy generales, pero ayudaría a explicar la situación.

Lo que sí queda claro es que, a partir de ahora, cuando se realicen planes de conservación de primates la presión de depredación habrá que tenerla en cuenta.

Tuve noticia de este vídeo a través de LiveScience.

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