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El día que fusilaron a Dios



Tras la Revolución Rusa de 1917, el Estado Bolchevique quiso acabar con todo aquello que había representado a la Rusia de los Zares, empezando por los monarcas y toda su familia y trasladándolo hasta el capitalismo y la religión.

Muchos fueron los juicios sumarísimos que se celebraron en los que se trataba de declarar culpable a todo aquel que no comulgase con la doctrina comunista.

Uno de esos sorprendentes e hilarantes momentos se produjo el 17 de enero de 1918, apenas tres meses después de finalizar la Revolución de Octubre, y en el que llevaron hasta el estrado una acusación formal contra Dios, en la que se le acusaba de todos los males ocurridos a la humanidad y sobre todo por el cargo de genocidio.

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Se había organizado un tribunal popular que tendría que escuchar detenidamente todo lo que la fiscalía argumentaría en contra del acusado. A falta de una presencia física en el banquillo de los acusados, se colocó una Biblia sobre la que señalaban los dedos acusadores.

Presidiendo la vista estaba Anatoli Lunacharski, impulsor del juicio y ambicioso personaje, cuyo ascenso político dentro del aparato bolchevique se había producido rápidamente, colocándose como una de las personas de confianza del propio Lenin.

Pero, como todo juicio que se precie, también se contaba con la presencia de un grupo de abogados que debían asumir la defensa de Dios.

Entre los argumentos que presentaron para conseguir la libre absolución del acusado, se alegó los  graves trastornos que padecía Dios, lo que le había llevado a cometer todos los crímenes contra la Humanidad de los que se le acusaba.

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Una vez que intervinieron ambas partes, y realizados los alegatos finales, el tribunal popular declaró a Dios culpable de todos los delitos por los que se le acusaba, entre ellos el de genocidio.

Anatoli Lunacharski fue entonces cuando leyó la sentencia impuesta al acusado, quien debería morir a la salida del sol del día siguiente.

A las 6:30 de la mañana un grupo de soldados bolcheviques, en una disposición exacta a la de un pelotón de fusilamiento, hicieron disparar sus armas con cinco ráfagas que apuntaban hacia el cielo moscovita. Una vez ejecutada la pena se declaro a Dios como muerto, intentando así acabar con el poder que había ejercido la religión sobre el pueblo ruso.

El propio Lunacharski reconocería tiempo después el grave error cometido al ejercer este tipo de acciones.

Fuente: Yahoo! España
El día que fusilaron a Dios

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