Cómo aumentó la obesidad y qué otras enfermedades desencadena

(www.neomundo.com.ar)- En los últimos años, creció el número de argentinos que sufre de obesidad y sobrepeso, dos patologías de carácter epidémico, y que están íntimamente relacionadas con otras enfermedades como la diabetes, el colesterol elevado y la hipertensión arterial.

La diabetes, por ejemplo, triplica el riesgo de padecer problemas coronarios en el hombre y lo quintuplica en la mujer, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Factores de Riesgo realizada en 2005 y publicada en 2007.

En ese momento, la incidencia de esta enfermedad se ubicaba en el 8,5% de la población mayor de 20 años, mientras que ahora -según los datos de la más reciente edición de la misma encuesta, realizada en 2009 y publicada en 2011- aumentó al 9,6%.

Por su parte, un tercio de la población es hipertensa y casi 30% de los habitantes que se midieron el colesterol lo tiene elevado. Estas dos condiciones también elevan el riesgo cardiovascular. La obesidad, por su parte, aumenta el riesgo de artrosis, de várices y de ciertos tipos de cáncer.

"De la comparación de los datos surgidos de la encuesta de 2007 y de la de 2009, se extrae que la obesidad es un tema sumamente preocupante, fundamentalmente por las enfermedades que se asocian a ella. Entre éstas, se destaca la diabetes tipo 2, que es tal vez la complicación más grave o al menos la más extendida de las generadas por el incremento de peso y que, de hecho, según algunos especialistas no existiría de no haber en la población sobrepeso y obesidad", comenta Silvio Schraier, médico especialista en nutrición y presidente de la Fundación Argentina de Nutrición (FAN).

"Actualmente, casi el 10% de las personas de más de 20 años tiene diabetes. Más aún: mientras se calculaba que para 2025 iba a haber 350 millones de personas en el mundo afectadas por esta enfermedad, ya en 2011 contábamos con 366 millones. Esto quiere decir que la obesidad es un enemigo mucho más potente de lo que creíamos; y que por ende es mucho más lo que hay que hacer para combatirlo", agrega el especialista.

"La hipertensión también es muy prevalente, aunque puede deberse a la obesidad o no. Si las consideramos desde la óptica de la obesidad, hay entre un 30% y 40% de personas obesas que son hipertensas, y que no lo serían si su peso fuera más bajo", puntualiza.

"Finalmente, si consideramos el colesterol y los triglicéridos altos, éstos también tienen 'parentesco directo' con la obesidad, ya que 1 de cada 3 adultos tiene uno u otro, o bien ambos; y más del 50% de esa gente tiene sobrepeso u obesidad", señala el presidente de la FAN.

En este sentido, el primer paso es bajar de peso. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), sería suficiente con bajar el 10 por ciento del peso inicial, y mantenerlo por lo menos 5 años.

Debido a que se aumenta de peso al comer más calorías de las que se gastan, la ecuación perfecta requiere disminuir la ingesta de calorías en forma adecuada para al mismo tiempo aumentar el gasto energético. Esto significa comer todos los grupos de alimentos saludablemente, sin excesivas restricciones.

Por otro lado hay que ser más activo físicamente, comenzando por caminar todos los días, e ir aumentando el ejercicio a medida que pasa el tiempo y tomando como parámetro el grado de adaptación del cuerpo.

"Lamentablemente, los hábitos de nuestra población se modificaron para mal. Se come menos frutas y verduras, y se hace menos actividad física -resumen Schraier-. Esto trae aparejado un empeoramiento del balance nutricional, déficit de vitaminas y minerales, y el crecimiento de la prevalencia de enfermedades crónicas severas que se relacionan con la obesidad."

Un plus de ayuda

Como medidas complementarias para la reducción de peso, existen algunos medicamentos cuya indicación le corresponde exclusivamente al médico tratante.

También están disponibles ciertos suplementos dietarios como el ácido linoleico conjugado, un tipo de ácido graso Omega-6 que se encuentra en pequeñas cantidades en aceites vegetales y en forma más abundante en las grasas animales, particularmente en la leche y carne de rumiantes.

En las personas físicamente activas, este suplemento reduce la cantidad de grasa, en particular la abdominal, y la reemplaza paulatinamente por tejido muscular. Esto se logra mediante un mecanismo químico que 'reorienta' al metabolismo.

"De todas formas aún tratándose del ácido linoleico conjugado, un compuesto con validación científica que demostró seguridad y eficacia como auxiliar de un plan integral de abordaje del sobrepeso -advierte Schraier-, es recomendable que sea el médico quien indique el tratamiento."

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