Así como Frodo, en el Señor de Los Anillos, estuvo a punto de morir por defender un anillo, yo a veces creo que sería de capaz de matar por tener uno. Sí, estoy hablando del maldito anillo de compromiso.
Para los que sigan leyendo, tal vez estén pensando que me convendría más buscar ayuda psicológica o que si mi novio no me lo ha dado después de varios años juntos es porque no quiere algo serio conmigo. Yo misma me lo he preguntando varias veces, lo cierto es que él me ama y de eso estoy más que segura. Pero él no quiere casarse y yo sí. Su objetivo ahora es comprar una casa y el mío, es simple y sencillamente ver en mi mano un arito de metal con una piedra tan brillante como para dejar ciego a cualquiera.
Se supone que el anillo de compromiso debe costar entre dos y tres salarios mensuales del novio, yo a estas alturas ni siquiera me pongo tan exigente pues he visto algunos que valen desde 9 mil pesos. También se dice que la mujer, para agradecer el esfuerzo del hombre por demostrar su amor, puede regalarle un reloj del mismo valor. (Créanme, a estas alturas, sí estaría dispuesta a comprarlo).
Debe llevarse en el dedo anular de la mano izquierda porque por ahí pasa una vena que va directamente al corazón. Es una costumbre muy antigua. Desde el siglo XIII a. C. los egipcios ataban las muñecas de su mujer con cuerdas de hierba para mantener el espíritu de su amor. En el Imperio Romano entregar un anillo simbolizaba el ciclo de la vida y de la eternidad, era una promesa pública de contrato matrimonial. Esta costumbre fue adoptada por los cristianos y en el siglo XI, el papa Nicolás I, decretó que entregarlo a la novia era una propuesta oficial de matrimonio.
¿Cómo sería de relevante esa joya como para que Cuco Sánchez le escribiera una canción? Por cierto vetada de mi playlist igual que Single Ladies de Beyoncé.
Los hay de muchos tipos pero los más comunes son de oro y diamantes, que simbolizan el amor será fuerte, puro e invencible. Ustedes dirán ¡pamplinas! Cuántas mujeres han recibido uno y meses después de la boda se divorcian. Muchos otros terminan en el Monte de Piedad. Y sí, todo eso es cierto pero yo quiero uno. Cada quien puede darle el valor que se le antoje, habrá muchas que nunca tengan uno, lo único cierto es que yo vivo y muero por el maldito anillo.
Dedicatoria especial: Para ti mi compañero desde hace casi 5 años, testigo de mis tropezones, caídas y remontadas. Con quien he compartido las buenas, regulares, malas y malísimas. No es que quiera presionarte pero como dice Luis Miguel, ya por favor ¡Decídete!


